lunes, 12 de octubre de 2015

Sobre el "Día de la Raza"

Comparto el texto del Decreto del Presidente Hipólito Yrigoyen, en el que establece que sea Día Patrio y explica por qué. está muy bueno (también al leerlo uno se explica que tan pobre y equivocado fue el cambiarle el nombre. De todos modos el nombre actual de este día en la efemérides oficial es inteligible y todo el mundo sigue diciendo "Día de la Raza" o "de la Hispanidad" o del Descubrimiento"... el Pueblo sencillo no sigue a los ideólogos tanto como ello creen...)
Va el texto del Decreto de Yrigoyen:

Considerandos:
 "1º. El descubrimiento de América es el acontecimiento más trascendental
que haya realizado la humanidad a través de los tiempos, pues todas las
renovaciones posteriores derivan de este asombroso suceso, que a la par
que amplió los límites de la tierra, abrió insospechados horizontes al
espíritu.
"2º. Que se debió al genio hispano intensificado con la visión suprema de
Colón, efemérides tan portentosa, que no queda suscrita al prodigio del
descubrimiento, sino que se consolida con la conquista, empresa ésta tan
ardua que no tiene término posible de comparación en los anales de todos
los pueblos.
"3º. Que la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente
enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus
exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la
labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad
que integra la nación americana.
Resolución:
 "Por tanto, siendo eminentemente justo consagrar la festividad de la fecha
en homenaje a España, progenitora de las naciones a las cuales ha dado con
la levadura de su sangre y la armonía de su lengua una herencia inmortal,
debemos afirmar y sancionar el jubiloso reconocimiento, y el poder
ejecutivo de la nación:
"Artículo primero: Se declara Fiesta Nacional el 12 de octubre.
"Artículo segundo: Comuníquese, publíquese, dése al Registro Nacional y se
archive".

viernes, 28 de agosto de 2015

Se necesitan palabras para pensar

¿A cuántas palabras se reduce el vocabulario de una persona hoy? Si pensamos en adultos que han leído mucho, probablemente ese número de palabras conocidas sea bastante grande. Si pensamos en las jóvenes generaciones, en los que hoy están tomando los puestos de mando en todas las cosas, ya no es tan grande el número, pues han tenido que padecer las barbaridades de los pedagogos modernos, que hicieron todo lo posible por impedirles el acceso a la buena literatura, sumado al aporte de escritores que todo lo que han hecho es multiplicar las palabrotas y las obscenidades en sus supuestas obras literarias, sin contar con el efecto de lo audiovisual que, aunque muy bueno en sí mismo, reemplaza las palabras con sensaciones visuales poco definidas. Si nos trasladamos a los más pequeños de hoy y observamos sus comunicaciones en las redes sociales, encontramos un vocabulario poco superior al de los primates, con apenas algunos rasgos de humanidad que, a Dios gracias, aún permanecen.

Es cierto que no basta tener un gran vocabulario, sino también comprenderlo y usarlo para el bien. Conozco personas que poseen un riquísimo vocabulario que, con gran soberbia, usan para confundir a otros y hacerlos seguir falsas doctrinas. Con esa especie de tratados de la palabra excesivamente trabajada, consiguen grandes frutos, ya sea en dinero, poder o simplemente fama y aplauso. Todos bienes efímeros que suelen terminar siendo muy dañinos.

Si no se conocen palabras en abundancia, conociendo, al mismo tiempo, el significado de ellas, de modo de aprender a usarlas para la argumentación, no se podrá lograr el conocimiento.

No es lo mismo “simiente” que “siguiente”, pero suenan parecido y al leer, no son pocos los que leen una u otra sin detenerse a pensar si es eso lo que se ha querido decir. Por lo tanto, al leer, no han entendido en absoluto lo que leyeron; menos aún lo entendieron los que sólo escucharon la lectura.

Los signos de puntuación, como las comas, los puntos seguidos o los finales, tienen un sentido en la comprensión de lo que está escrito. Si no los respeto, cambio el sentido y me puedo equivocar muy feo. Una vez, en una Misa, un lector leyó: “¡Sí, Cristo no resucitó, vana es nuestra fe!”, pero San Pablo dijo: “si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe”. (Por favor lea las dos versiones de nuevo, bien despacio y trate de entender en dónde está el error. Si no lo comprende, pregunte a alguien que sepa leer con buena pronunciación). La primera forma, equivocando las comas y los acentos, concluye lo que afirmaría un ateo. Bien leída, es una llamada de atención a los cristianos con poca instrucción sobre lo importante de la fe.

Libros, buenos libros, muchos buenos libros, bien leídos, para salvar la inteligencia humana. ¡Urgente!

miércoles, 12 de agosto de 2015

Qué hacemos con la Patria

Estamos a un paso de una nueva recordación del fallecimiento del más grande héroe de la Patria. De ese grande “universal” que fue el General Don José Francisco de San Martín. Su grandeza nos dio origen e identidad ante el mundo, quiso darnos un legado para que siguiéramos su obra, nos dio ejemplo y la vida misma.

¿Qué hemos hecho de su legado? Tenemos su nombre en calles y plazas de todo el país. Tenemos asociaciones que recuerdan su historia y celebran sus hazañas. Tenemos sus restos descansando en la Catedral de Buenos Aires y su sable en el Museo Nacional. Sus “máximas a Merceditas” se siguen leyendo en nuestras escuelas primarias. Y no mucho más…

Un turista me dijo una vez: “qué importante es para ustedes el “hombre del caballo”, está por todas partes”, se refería a las estatuas ecuestres de San Martín, que tenemos por todo el país. ¿Es realmente importante para nosotros? Debería serlo.

Uno de los grandes logros del partido liberal de la Argentina, fue poner a San Martín en las plazas y sacarlo de las mentes y los corazones de los argentinos. Conocemos muy poco de su figura, de su vida, menos.

Para el ridículo pseudo-progresismo de hoy, apenas llega a ser la oportunidad de una falsificación cinematográfica para promover al líder difunto, ¡un mamarracho!

“Serás lo que debas ser o no serás nada”. Y ¿qué es lo que debíamos ser, según nuestro Padre y Libertador? Ese es el gran interrogante que casi nadie se hace en la Patria. ¿A quién le importa? La Argentina hoy, para muchos, especialmente para los que la van de líderes, es una oportunidad para vivir bien, porque acá sobra de todo. Para muchos más, es sólo el lugar donde se come, se bebe, se ve fútbol y se deja pasar la vida.

¿Se habría largado a cruzar la cordillera el General, de haber sabido que íbamos a hacer lo que hacemos con la Patria? Él sí, él lo habría hecho de todos modos y lo volvería a hacer. Porque era un héroe, porque era un cristiano de ley, un hombre íntegro y honesto. ¿Y nosotros? ¿Lo haríamos, lo habríamos seguido, siendo como somos? Muchos de nosotros, no hace muchos años, probaron que todavía quedaba en la Patria gente dispuesta al heroísmo. Tratamos su memoria como la de San Martín, monumentos y olvido.

Yo creo que todavía hay gente capaz de la herencia de San Martín. Lo veo en muchos jóvenes. Los que a pesar de las modas, son fieles, no se drogan, no se alcoholizan, tienen ideales y se mueven por ellos. Hay gente a la que le cuesta, pero no aflojan.
 
Desde sus monumentos, en cada rincón de la Patria, Don José Francisco nos convoca. Hoy no hacen falta espadas, pero si corazones capaces del heroísmo. La Patria los tiene y se impondrán sobre los corruptos.

viernes, 17 de julio de 2015

Doctrina Social cristiana

(Nota: Este pequeño aporte no pretende agotar la Doctrina Social de la Iglesia, solo referirse humildemente a lo dicho al respecto por el Papa Francisco, en su reciente visita a Latinoamérica.)
 
Es claro que lo que ha dicho el Papa Francisco, en su última gira, va a dar mucho que hablar.

Tal vez no dijo nada nuevo, pero lo dijo de un modo nuevo. El Magisterio de la Iglesia ha dejado claro, en muchas de sus páginas doctrinales y desde hace mucho tiempo que, así como la ideología marxista es intrínsecamente perversa, así también el liberalismo, sustento ideológico del capitalismo liberal, es pecado, un pecado social, grave y destructivo. El comunismo, sistema que surge de aplicar el marxismo, se cayó definitivamente y solo pervive en los ensueños utópicos de una minoría intelectualoide. No sólo fracasó en la ex-Unión Soviética, dejando millones de víctimas. Ya ni siquiera existe en China o en Cuba, lugares donde aún se ve la estrella roja, pero donde sus economías, en manos de castas dominantes, sólo repiten las normas del capitalismo salvaje.

El Papa alzó fuerte la voz sobre las nefastas consecuencias de lo que llamó “estiércol del diablo”, definiendo así la avidez liberal por el dinero; causante de tantas esclavitudes modernas y productor de tantas guerras.

Pero no opuso comunismo a capitalismo, o viceversa, con esa falsa y popular idea de que no existen más que esas dos opciones. Les habló a los que imaginan socialismos superadores, sobre las mismas líneas equivocadas. Los felicitó por sus acciones en bien de los más pobres, pero les indicó un camino distinto y realmente superador de las irrealidades ideológicas. Incluso les advirtió que, por más sinceras que sean sus intenciones, las ideologías siempre terminan en los totalitarismos opresores de los más pobres y pequeños.

En su viaje apostólico, no sólo hubo palabras y discursos, sino también gestos muy significativos. La torpe idea del Presidente de Bolivia de regalarle un extraño engendro, de la ya desaparecida teología de la liberación filomarxista, quedó sepultada bajo un sinnúmero de testimonios de heroicas realidades cristianas, visibilizadas por la oportunidad brindada por la Visita Papal.

El sistema no da más, ¡hay que cambiarlo! No volviendo atrás, ni a las ideologías del siglo XX, ni a las utopías de antiguos supuestos buenos tiempos.

Hay que ser realistas, tampoco es algo que se consiga tan fácilmente, pero es un modo realmente posible en el que se pueden ir dando pasos concretos.

Tres cosas les propuso conseguir a los Movimientos Populares. Primero hacer efectiva la mejor distribución de los bienes, con acceso a la educación, deporte, recreación; recurriendo a las ayudas sociales sólo como excepción pasajera en la búsqueda de crear fuentes de trabajo dignas. En segundo lugar, seguir procurando unir a los pueblos en el camino de la paz y la justicia. Tercero, cuidar realmente, en lo que esté al alcance de cada uno, de la “casa común”.

A la avaricia del sistema, el Papa pidió oponer la caridad efectiva y afectiva. ¡Se puede!

sábado, 4 de julio de 2015

¿Se puede educar hoy?

A raíz del caso de la profesora “sacada” que se viralizó en las redes y la prensa toda, lo que más me llenó de asombro no fue tanto el desborde de la docente, cuanto la reacción de la mayoría de los comentarios. Prácticamente todos justificaban a la docente y muy pocos hacían salvedad de que debió reaccionar mejor. Tal parece que pocos pensaran que haya un modo mejor para responder al problema, y esto es parte también del problema.

No conozco a la docente, pero a raíz del suceso he podido tomar mayor conciencia de la tremenda gravedad de la situación del sistema educativo. Objetivamente no es posible justificar las expresiones de violencia que se escucharon en la grabación. Aunque al leer los comentarios y conocer toda la polémica que se desató, se puede llegar a comprender que esta “anormalidad” suceda y que se repita por casi todos lados.

A los que tenemos la dicha de enseñar en colegios donde aún es posible el orden, el respeto y la disciplina debidos e indispensables al proceso educativo de niños y adolescentes, igualmente nos duele que pueda darse este desastre, sin que se tomen medidas eficientes para solucionarlo.

Este clima de generalizada violencia, de indiferencia ante el aprendizaje, de absoluta falta de respeto, parece ser invisible a la mirada de las autoridades gubernamentales, quienes deben proveer el derecho constitucional a la educación. Vemos que se sigue insistiendo, gobierno tras gobierno, en las mismas “genialidades” pedagógicas, que nos llevan de mal en peor. Estamos formando generaciones de ignorantes irresponsables, y pareciera estar todo bien para padres y gobernantes.

Los niños y jóvenes en los colegios, tienen un derecho fundamental, el derecho a estudiar y aprender. Y eso supone que no deben estar vestidos de cualquier manera, peinados de cualquier forma, haciendo cualquier cosa; porque, aunque estos ejemplos parezcan pequeñeces superadas, lo contrario es el caos en el que están la mayoría de las escuelas. Por buscar una muy falsa “inclusión”, hemos formado verdaderas selvas anárquicas, donde resulta imposible enseñar y aprender.

Los docentes se ven impotentes, los padres resultan cada día más ausentes y hasta cómplices, y las autoridades absoluta y culpablemente ineptas para cumplir su deber.

Pero no hay manifestaciones populares contra este desquicio. Nos importa la inseguridad, la inestabilidad económica y el fútbol para todos, pero las causas de nuestras mayores fragilidades, las que producen todos los demás males, esas no nos preocupan. Mientras no nos ocupemos, todos, de este gran problema, estaremos condenados a la desaparición como sociedad de personas libres y soberanas. Cualquier idiota con plata nos dominará. Ahora cambian las autoridades, ¿harán algo mejor de lo que se ha hecho hasta ahora? No lo escuché en ningún debate, pero ruego a Dios que al menos lo intenten seriamente.

No debió “sacarse” la docente, pero más importante es que no debió tener motivo para hacerlo. Y eso es responsabilidad de todos y debemos exigirlo a las autoridades.

sábado, 27 de junio de 2015

Permitido asesinar legalmente

Pocas horas antes de las elecciones provinciales pasadas, nos llegaba la noticia de la promulgación de un “protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”. Una verdadera atrocidad, digna del más absoluto rechazo por parte de toda persona que se respete y respete la vida.

La expresión “interrupción del embarazo” es un eufemismo hipócrita, por el que se trata de disimular en qué consiste esta acción del aborto provocado: el homicidio más vil y miserable, el asesinato de un varón o una mujer, aún no ha nacido, pero ya existente y que debe ser protegido.

Agregarle a esta hipócrita condena a muerte la palabra “legal”, es establecer el derecho y hasta la obligación, según este mismo adefesio pretendidamente legal, de dictar oficialmente la pena de muerte de los inocentes por nacer, sin juicio ni defensa.

Que se pretenda que existen “personas con derechoa asesinar a seres humanos nonatos, por el motivo que sea, es una monstruosidad digna del nazismo o de las peores prácticas del paganismo precristiano.

Que este engendro de injusticia y malignidad esté rubricado por las más altas autoridades, que para vergüenza suya se declaran cristianos, convierte a sus autores en criminales de lesa humanidad. Hay que recordarles que, a menos que se arrepientan y reparen, no podrán escapar de la justa ira de Dios, que protege a los débiles y aplasta a los soberbios.

El perverso “protocolo” pretende imponerse sobre las conciencias personales e institucionales, prohibiendo de hecho la objeción de conciencia, actitud comparable a las criminales órdenes de Nerón o de Hittler, que al menos no tenían la hipocresía de llamarse cristianos o defensores de la causa del pueblo.

La Conferencia Episcopal Argentina ha emitido un claro mensaje al respecto (que invito a buscar en los medios y leer con atención). En ella recuerdan la sabia advertencia ética de San Juan Pablo II cuando expresó que "en el caso de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella". Por lo tanto es necesario decir claramente que nadie, ni los simples ciudadanos, ni los profesionales de la salud (médicos, enfermeros, etc.), ni la autoridades políticas o judiciales, nadie debe aceptar este protocolo y mucho menos ejecutarlo, sin caer en el delito agravado de homicidio.

Oremos por nuestros gobernantes para que se arrepientan de su crimen y reparen urgentemente sus nefastas consecuencias. Que protejan la vida y la defiendan. Que procuren condiciones verdaderamente dignas para la vida y virtud de los jóvenes y destierren la corrupción que los pervierte, en lugar de promover mayores crímenes.

Roguemos a Dios, por la sangre derramada de inocentes asesinados en el vientre de sus madres, que tenga piedad de la Patria en la que se cometen tan aberrantes crímenes.

viernes, 8 de mayo de 2015

La Gran Misionera

Cuando esta Patria nuestra comenzaba a tener una propia existencia en el concierto de las naciones, Ella ya estaba entre nosotros y nosotros nos vestimos de Ella desde que nacimos. Quiso quedarse cuando todavía no éramos, para darnos el ser debido, el que no debemos olvidar y mucho menos renunciar.

Tal como nos lo refiere la documentación segura, a los pies de la pequeña imagen de la Pura y Limpia Concepción del Luján (tal el primer nombre que tuvo nuestra Virgencita gaucha), el recientemente nombrado General Don Manuel Belgrano, pidiendo la protección de la Madre de Dios y nuestra, le prometió vestir con sus colores al ejército que comandaría. Así lo hizo y, con el tiempo, la insignia de aquel primer ejército patrio se convirtió en la Bandera Nacional.

Para que la bandera fuera totalmente mariana y por lo mismo cristiana, le faltaba en el seno una figura del Verbo eterno encarnado en María. Y esto lo realizó, sin saberlo ni pretenderlo, el General Bartolomé Mitre. Dicen que quiso distinguir nuestra bandera de los colores de la casa de Borbón, o bien que tuvo alguna otra causa no tan clara, lo cierto es que le puso en el medio un sol rampante. Y resulta que Cristo es el verdadero “sol de justicia” y como la bandera fue tomada del manto de María de Luján, poner el sol en su centro no hace sino representar, mejor aún, el Misterio escondido desde los siglos y manifestado en el Hijo de Dios, hecho carne en las purísimas entrañas de la que Él mismo se eligió y preparó para tal misión.

La Virgen Madre, en su título de Ntra. Sra. de Luján es proclamada como Patrona de la República Argentina, la misma República que juró su primera constitución de organización nacional, invocando el auxilio de Dios, fuente de toda razón y justicia. Y juraron por Dios, ya que de nada vale un juramento por uno mismo o las cosas inferiores, se jura por lo superior, por eso los padres fundadores lo hicieron a la sombra del crucificado y bajo el manto de María.

El amor de la Santísima Virgen, en Luján como en tantos otros lugares de esta bendita tierra argentina, ha forjado un espíritu de fe, sencilla y profunda, que nuestro pueblo manifiesta siempre y a pesar de la prédica disolvente de tantos poderosos. La simiente que plantó María santísima en nuestra tierra patria, es el mismo Hijo que de ella hemos recibido por designio divino.

Desde Luján y desde tantos otros santuarios de su presencia misionera, Ella nos dice lo que en Caná de Galilea, cuando la primera manifestación del Mesías: “Hagan todo lo que Él les diga”. ¡Una sola frase! Y ¡qué profundidad! Buscamos fórmulas salvadoras de la Patria y Ella nos responde: ¡argentinos, hagan todo lo que les manda mi Hijo!

domingo, 3 de mayo de 2015

Que mande el prudente

Cuentan como verdadera una anécdota de la vida de Santo Tomás de Aquino, máximo doctor de la Iglesia, que habría ocurrido al tener que elegir un nuevo superior para un convento. Algunos frailes le fueron a proponer a fray Tomás que les dijera cual de tres candidatos, se debería elegir para el cargo. Proponían uno muy santo, otro muy docto en todas las ciencias filosóficas y teológicas (que son las ciencias de las esencias) y por último uno que era muy buen administrador, pero nada más. Cuando todos pensaban que el famoso fraile sabio se quedaría con alguno de los dos primeros candidatos, este dijo sin dudar “que el prudente nos gobierne y que el sabio lo asesore”. Los otros dijeron “¿y el santo?”, a lo que Santo Tomás respondió: “ese que rece por nosotros”. No sé si la anécdota es verdadera en todas sus instancias, pero sí sé que concuerda con las enseñanzas del Doctor Angélico, que así es como entendía el gobierno de la cosa política, usando este concepto en su sentido más amplio.

El que había dado razones para tenerlo por buen administrador, resultaba ser el más prudente para el gobierno, ya que gobernar es administrar los bienes de todos para que sirvan al bien de cada uno. Se trata de administrar el Bien Común de la sociedad, para asegurar el bienestar de todos y cada uno de los individuos.

Pero al que le toca el hacer práctico, le conviene el consejo del que es capaz de la abstracción, es decir, del que sabe “ver” las esencias de lo mutable, descubriendo lo verdaderamente importante, separándolo de lo meramente accidental.

El sabio debe ser el consejero del hombre práctico y así se completa el obrar prudente que es la regla del político, o debiera ser, si se quiere gobernar bien.

Es la razón valedera por la que los presupuestos de los estados incluyen dinero para el sueldo de asesores.

Pero y ¿qué hay del santo?, es decir del hombre religioso, del que se dedica a hablar a Dios de los hombres y a los hombres de Dios. Pues bien, que eso es lo que debe hacer y hacerlo bien. Esto no significa que no deba ser oído su consejo, ya que quien gobierna debe ser capaz de oír a todos y sobre todo a los mejores, para no equivocarse. Hoy hay unos cuantos curas metidos a políticos. Yo me pregunto, ¿cuándo se equivocaron? ¿Ahora, cuando dejaron el ministerio sagrado para dedicarse al gobierno político, o antes, cuando dejaron el mundo para dedicarse a Dios?

¿Buscan los gobernantes ser buenos administradores de lo que es de todos? Saberlo, lo saben, todos son políticos desde hace rato. ¿Tienen a sabios por asesores? ¿Se confían a la oración de los santos? ¡Ojo!, este año hay que exigírselos…

domingo, 26 de abril de 2015

¿Quién es el asesino?

Nadie duda que la violencia ha aumentado notablemente y no sólo en la criminalidad, sino también en los hogares, en las escuelas, en la calle, en el deporte, en todas partes. Nada queda afuera. Y en casi todas partes la violencia llega a producir, incluso, la muerte.

El otro día fui testigo de una balacera insólita. Un chiquillo huía de dos policías que lo seguían a pie, corriendo. Ignoro qué habría hecho, lo que vi es a un adolescente huyendo de la autoridad policial. Durante la persecución, el pibe comenzó a disparar con un arma de fuego sobre los policías. Siguió la carrera y la persecución, y ya no vi más. Qué se le cruzó por la cabeza a ese pibe para, primero, huir de la autoridad y luego, encima, abrir fuego sobre ellos sin la menor dubitación.

¿Quién es el asesino que nos mata los policías, los pibes del barrio, las mujeres en su casa, los espectadores en el fútbol, etc. etc.? Tal vez usted me diga que debo preguntar en plural, que son muchos los asesinos. Materialmente es cierto. De todos modos el asesino más peligroso, no es el que dispara el arma o asesta la puñalada, porque ese no es más que la herramienta de matar de otros asesinos, que son su causa.

Ojo, no estoy diciendo que el que dispara a matar no sea culpable. No me sumo al coro estúpido de los que justifican la violencia de unos por la violencia de otros, ni de los que ven culpas solo en las estructuras injustas y se vuelven permisivos de todo egoísmo y corrupción. El que las hace, que las pague. Que se arrepienta, sí, que Dios lo perdonará, pero siempre que repare sus crímenes.

Si cargo todo el peso del problema en el asesino material, sin ver a los que lo fueron formando para que llegara a lo que llegan cada vez más personas, entonces nunca encontraré una solución.

Yo digo que el político que dice que hay que dejar que los jóvenes se droguen cuanto quieran, es un asesino. Yo digo que el conductor de TV que propone lo vicioso como si fuera un éxito a imitar, es un asesino. Yo digo que los padres que no le ponen límites a los hijos, que les hacen creer que todo se les debe y a nada están obligados, que los dejan navegar en la web sin control, mal-vestirse y mal-hablar sin corregirlos y hasta festejándolos, son asesinos. Yo digo que los responsables de la educación pública que no permiten sanciones enérgicas, que no exigen que se aprenda de verdad en las escuelas, son asesinos. Yo digo que todos los que tenemos autoridad, si no la usamos para formar en la virtud, deberíamos ser condenados por asesinato. ¡El freno se pisa desde arriba!

viernes, 10 de abril de 2015

De cobardes a valientes

Podemos imaginar a un grupo de amigos, que llevan años juntos y que, en un momento dado, uno de ellos comienza a tener graves problemas. El grupo se conmociona mucho, pero en lugar de acompañar al amigo en desgracia, lo abandonan. Más aún dos de ellos lo traicionan. El amigo muere. Sus matadores declaran que harán lo mismo con todo aquel que se llame amigo del muerto. Imagínense ¿qué harían los que lo abandonaron cuando comenzó a sufrir y lo dejaron solo o lo negaron cuando fue a morir?...

Esto pasó con Jesús, pero los resultados de la historia resultaron bien distintos de lo que pudo pasar a este grupo imaginario de amigos desamorados.

Jesús se mostró “poderoso en obras y palabras”, es del único hombre del que se pudo decir, sin excepciones, que “pasó haciendo el bien”. Jesús prometió a sus seguidores el Reino eterno y feliz, que “nadie les podrá arrebatar”. Invitó a sus discípulos a seguirlo por su mismo camino, en la confianza de alcanzar con Él el triunfo prometido y para animarlos realizó portentosos milagros. “Jamás se dijo de alguien que le diera la vista a un ciego de nacimiento” y Él lo hizo. resucitó muertos, curó todo tipo de enfermedades y se mostró poderoso ante el demonio.

Habló, ciertamente, de que debía librar un combate, que sería entregado y sentenciado, y declaró que triunfaría al tercer día. Esto del combate los tenía perplejos. Tanto que no entendían de qué hablaba cuando decía de “resucitar de entre los muertos”.

Un día ocurrió lo tan temido. Llegó “la hora” anunciada. Fue herido el pastor y se dispersaron las ovejas. Todos los abandonaron, Judas la entregó y Pedro lo negó tres veces. Todos huyeron y se encerraron llenos de temor.

Unos días después y estando pendiente la orden de captura y muerte para sus seguidores, los cobardotes de la Pasión, comienzan a predicar de Él. Los que lo negaron mientras andaba en vida mortal, después de muerto y entregado, lo proclaman como al vencedor del pecado y de la muerte. Los que se achicaron durante el combate y se escondieron llenos de miedo ante la frustración del calvario, aparecen enfrentando a todos, sin temor alguno. Los que pensaron que no podía salvarse a sí mismo de la cruz, ahora están seguros de que los salvará a ellos de todo mal.

¿Qué pasó? Algunos dicen que no murió, sino que, aprovechando una distracción, se fugó. ¡Absurdo e increíble!. Otros, que de tanto que lo querían, los discípulos se imaginaron que había resucitado; es decir: más de 500 fantasiosos enfrentando la muerte, de un día para el otro y sin ninguna razón. ¡Increíble!

¡No! Sólo una cosa puede explicar que estos que fueron cobardes, se hayan vuelto tan valientes y, todos sin excepción, hayan dado su vida por este anuncio; esa cosa es que de verdad lo vieron y comprobaron que había resucitado de entre los muertos. ¡Vive y puede vivificarnos!.

miércoles, 1 de abril de 2015

Ejercicios para todos

Pienso que si le dieran a algún joven la posibilidad de ir gratis a un muy buen gimnasio, con resultados garantizados, no dejaría pasar la oportunidad. Pienso también que, hoy en día, no cualquier joven perseveraría mucho tiempo en ese buen gimnasio, solo porque fuera gratis. Lamentablemente a muchos jóvenes les han mentido tanto sobre la vida, que han llegado a creer que sólo vale lo que les sale fácil y sin esfuerzo.

Pero sacando a los perezosos sin arreglo que pudiera haber, lo de tener la posibilidad de entrenar el cuerpo de modo de lucir y sentirse bien, capaces de enfrentar los desafíos y salir victoriosos, por estar bien entrenados, resulta una oportunidad apetecible y aprovechable para la mayoría.

Si entrenar el cuerpo para tener una condición física capaz de cualquier meta, resulta atractivo y mucho más si se ofreciera con cierta facilidad de acceso, cuánto más debiera ser la posibilidad de entrenar el espíritu para hacerlo capaz de cualquier reto, por duro que fuera y con resultados exitosos garantizados.

Claro que, por más que me den acceso gratuito al gimnasio, eso no me exime del esfuerzo del entrenamiento, tanto como de la necesidad de constancia en ese esfuerzo. Ir al gimnasio no es lo mismo que hacer ejercicios, sólo estar allí no es lo mismo que entrenar.

Pero vayamos a lo de entrenar el espíritu. ¿Para qué me haría falta? Si mi condición espiritual tiene capacidad de pensar y querer (inteligencia y voluntad, las dos potencias del espíritu humano), así sea que las entrene  o que no lo haga, ¿para qué esforzarme en ejercicios espirituales? De la misma manera podría decirse que si uno fuera o no a un gimnasio igual tendría una masa muscular, aunque fuera fofa y enfermiza.

Si yo no quiero tener un cuerpo fofo y enfermizo, tampoco debería contentarme con un espíritu sólo capaz de entender y amar, pero sin rumbo ni eficacia.

El que lee mucho y medita poco, no sabe nada. El que se va detrás de cualquier deseo, jamás llegará a amar en serio.

Hacen falta los ejercicios espirituales y esta semana son gratis y se pueden hacer muy cerca de casa. Basta con acompañar los actos de la Semana Santa, seguir a Jesús por su camino de dolor, muerte y triunfo. Pero hacerlo en orden, sin adelantarse, paso a paso, profundizando, aprendiendo a amar de Aquel que es el Amor mismo. Conocemos la historia y podemos repasarla en los Evangelios, sólo hay que revivirla paso por paso, una y otra vez. Sufrir con Cristo sufriente, padecer con Cristo paciente, para triunfar con Cristo vencedor del pecado y de la muerte. Acercarme al Maestro, mirarlo en la cruz con insistencia, dejarme llevar de su amor sangrante, dejarme amar, enamorarme y comenzar a amar como soy amado por Él.

Animémonos a hacer los ejercicios espirituales de esta Semana Santa, sin dejar pasar la oportunidad, y ¡feliz Pascua de Resurrección, para todos!

domingo, 29 de marzo de 2015

Memoria sanadora

En cierta ocasión, un grupo de personas esperaba, a las puertas de un tribunal, al que habían sido citados para prestar testimonio. En general estaban nerviosos, tratando de imaginar cómo sería aquella declaración. Había uno muy tranquilo, tanto que llamaba la atención. Preguntado por su tranquilidad, dijo simplemente: “voy a decir lo que sé y como sólo sé lo que recuerdo, no tengo temor a equivocarme”.

Simples y profundas palabras, “sólo sé lo que recuerdo”. Si bien habrá algún superdotado que pueda, para el común de los mortales no es posible recordar todas las cosas que se han vivido. Nuestra memoria actúa selectivamente. Guardamos algunos recuerdos y otros los desechamos. Por muy variadas razones; puede ser por miedo, por no repetir dolores profundos, porque algunas cosas nos dan vergüenza o porque son simplemente inútiles para nuestra vida.

Tratamos de atesorar sólo los mejores recuerdos y buscamos darnos tiempo para revivirlos. Lo hacemos a veces en el silencio y la soledad y otras veces, en la conversación con amigos que puedan valorarlos tanto como nosotros.

Es común oír de las perdonas mayores contar casi siempre las mismas anécdotas. Cierto que a veces es por alguna disfunción neurológica, pero en general es porque con el tiempo, cada vez son menos las cosas que se recuerdan como verdaderamente valiosas.

Los buenos recuerdos nos hacen bien. Al recordarlos los revivimos y nos enriquecen más y más, porque con el tiempo y la experiencia podemos llegar a valorarlos más y con más detalle.

Los malos recuerdos también son necesarios para formar la prudencia, para no caer otra vez en el mismo pozo. Pero esconden un peligro gravísimo del que debemos estar muy alertas; y es que pueden envenenar el corazón por el rencor y el ansia de venganza. Son el origen de todas las guerras. Hay que guardarlos para aprender, pero desechar el odio que nos pueden provocar, de lo contrario el mal que nos hicieron se vuelve contra nosotros y nos hace infelices.

Debemos recordar el bien para ser más buenos. El bien que nosotros mismos vivimos y también el que otros vivieron para nosotros.

Recordar y revivir el bien realizado o recibido, nos ayuda a valorarlo más y a realizar mayores bienes en nuestra vida. Cura nuestras miserias, sana nuestro corazón, nos ayuda a amar con mayor intensidad y con mucho más fruto.

Estamos a las puertas del recuerdo anual del mayor bien que podamos concebir, el que se nos ha dado sin haberlo merecido. Es necesario darle todo el tiempo posible a este recuerdo, ponerle la mayor atención y grabarlo a fuego. es el recuerdo del mayor amor con que hemos sido y somos amados por el mismo Amor encarnado. Es la Semana Santa. Es sólo una vez por año. No la desperdiciemos. Revivámosla en soledad y con los hermanos.

lunes, 23 de marzo de 2015

Familia, Vida y elecciones

Ante la campaña electoral que, aunque prohibida por ley con tanta anticipación, igualmente se desarrolla con impunidad y gran despliegue de dineros publicitarios, hay que seguir reflexionando sobre los temas principales en los que hay que poner la atención.

Prometer bondades, las promete cualquiera y, de hecho, bien sabemos que casi nadie las cumple. Por esto debemos dejar de ser ingenuos y volvernos más exigentes con quienes aspiran al noble deber de procurar el Bien Común de la sociedad.

Un tema fundamental es la Familia y consecuentemente aquel de todos los derechos humanos por el que se empieza a ser sujeto de los demás derechos y obligaciones, y que es el derecho a la Vida.

¿Qué puede hacer un concejal o un intendente municipal, para fortalecer la familia y evitar su acelerado deterioro? Parece que esto sólo fuera algo posible a los hacedores de las leyes provinciales y nacionales. Sin duda los legisladores de esos niveles son gravísimamente responsables, por acción u omisión, de lo que devenga en beneficio o deterioro de la institución fundante de la sociedad.

¿Basta con declaraciones a favor de la vida y la familia? Es bueno, muy bueno, que se haya declarado a nuestros municipios del sur mendocino como defensores de la vida y la familia, con sendas declaraciones de los Concejos Deliberantes. Pero no basta. ¿Qué parte del presupuesto va a destinarse a las organizaciones de la sociedad civil que promueven la defensa de estos valores? Mientras se destina mucho dinero a favorecer espectáculos totalmente contrarios a los valores esenciales de la familia, casi nada se ofrece a quienes buscan dar buenas respuestas a los jóvenes que se disponen a formar nuevas familias. Poco y nada se promocionan los verdaderos modelos sustentables de la organización familiar natural y normal. Casi nada con los dineros públicos y bastante poco con los privados.

Es urgente promocionar el verdadero amor, el que pospone todo egoísmo personal ante el maravilloso don de la vida. Es necesario restaurar las profundas heridas que la cultura de la muerte y la promiscuidad desenfrenada, han marcado a fuego en la juventud.

Es necesario que los que aspiran al gobierno digan de qué modo se comprometerán (ojalá lo hicieran en público y firmándolo por escrito) a la defensa de la Familia y del derecho a la vida de los aún no nacidos.

Hacen falta campañas a favor de la vida familiar natural y sobran dineros puestos a favorecer a los disolventes del orden. Hace falta destinar dineros a los programas que fortalecen los vínculos familiares y hace falta perseguir la indolencia de aquellos que abandonan la educación (no la escolaridad) de sus hijos cada fin de semana o ante cada exigencia de virtud adolescentemente resistida.

Hace falta imaginación para proponer acciones concretas y comprometidas a favor del bien. Las seguimos esperando.

sábado, 14 de marzo de 2015

Los candidatos y las drogas

Este año hay que elegir gobernantes. Debemos elegir en todas las instancias y en múltiples actos electorales. Hay que pensar bien y, aunque un voto es solo un voto, si al pensar bien ayudo a otros a hacerlo, se van sumando votos y votos.

En estos días trascendieron distintos dichos del Papa Francisco sobre la drogadicción en la Argentina. Dijo lo que todos sabemos, aunque no podamos reunir las pruebas para ir a un tribunal (¿no habrá fiscales que lo sepan?). Lo vemos a diario en los efectos, lo oímos en las charlas de amigos, lo deducimos de las noticias policiales.

Con asombro escuchamos también en estos días a funcionarios de alto nivel negar, frescamente, lo que es para todos evidente: que aquí hay droga, hay mucha, hay en todas las clases sociales y que mucha es de fabricación nacional (con plantaciones descubiertas casi a diario). ¿Cómo se puede negar esta realidad? Sólo lo pueden negar los necios y los cómplices.

Estamos de acuerdo en que la droga-dependencia es un flagelo que carcome la sociedad misma. Es un veneno maldito que nos mata a los jóvenes y aún a los niños. También estamos de acuerdo que se trata de un negocio que le da mucho dinero a un número, cada vez mayor, de delincuentes de lesa humanidad, muchos de los cuales tienen que ser funcionarios o empresarios con altos niveles de autoridad y poder. Lo digo porque es necesario que este tráfico perverso sea permitido por la autoridad para funcionar como funciona, de lo contrario los narcotraficantes estarían todos presos y no lo están.

Quiero decir algo que resulta evidente al más superficial de los análisis, y es que el narcotráfico es el negocio de muchos de nuestros políticos y tiene otro montón más de cómplices silentes que los dejan actuar.

Alguno dirá que esto pasa porque hay jueces y policías en el negocio y yo agrego que también hay kiosqueros y amas de casa y lo que se te ocurra, pero todos esos pueden ser cómplices porque los que manejan el negocio son gobernantes con poder y con impunidad.

Es hora de averiguar de dónde sacan la plata para las campañas los candidatos. Hay que exigirles las facturas y demás comprobantes. Y al que no los muestre, tenerlo por cómplice o simple delincuente.

Señores candidatos, de todos los cargos electivos, anímense a mostrar pruebas de que el dinero con el que cuentan no está manchado de sangre del narcotráfico. Si no lo pueden mostrar… es que lo tiene sucio y deberían estar presos.

Este es un punto nada más, uno muy grave, hay otros. Lo seguiremos analizando, lo seguiremos pensando. Pero mientras tanto, ya tienen tema para sus próximos discursos: prueben que no son narcotraficantes o tendremos que pensar que sí lo son, y negarles el voto.

sábado, 7 de marzo de 2015

Católicos en política

Sé que algunos de los lectores de esta columna se molestan cuando dedico el espacio para hablar de política. Me lo han dicho. Piensan que no es un tema que deba ser abordado por un sacerdote. Siento mucho disgustarlos una vez más y contradecir su opinión.

Precisamente porque soy sacerdote no debo dejar de iluminar desde el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, también este tema de la política. Lo que de ninguna manera debo hacer es tomar partido por alguna postura política en particular, ya que debo mi ministerio a todos, sin excepción. Incluso a los que pudieran sostener ideas opuestas a las enseñanzas de Cristo, ya que el Señor dio la vida también por ellos y yo sólo soy un administrador de su gracia redentora.

El “meterse” en posturas determinadas, dentro del actuar político, es tarea de los cristianos laicos. Al decir “laico” me refiero a todo bautizado que no sea clérigo.

Esta obligación surge del propio compromiso bautismal, que nos exige una caridad concreta y eficiente. El recto actuar político es precisamente el ejercicio de la más alta caridad en el orden social. No basta con dar limosna o comprometer algún tiempo o recursos en una obra de ayuda a los demás. Es fundamental hacer participar la fe en la toma de decisiones de la sociedad civil. Para que haya una más justa distribución de los bienes y oportunidades, no se debe dejar la política en manos de los corruptos. Hay que meterse y meterse en serio.

Si bien la acción política es una obligación que surge de la misma fe en Cristo, debe ser realizada con prudencia y respeto de la diversidad de opciones. El Papa Pío XII enseñaba que la política es el plano de las libres opciones; y ya que son libres no se las debe encerrar en una única, por muy mejor que pudiera ser alguna respecto de otras. En casi todos los partidos políticos hay católicos (aunque no siempre se notan), pero no existe ni existirá un “partido católico”. Así como es una obligación de todo bautizado el confesar (incluso públicamente) su fe en el ámbito de la política, resulta una cierta deshonestidad pretender representar a la Iglesia en su conjunto o a alguna de sus instituciones particulares en la opción que cada uno elije.

Es bueno que un laico católico se comprometa dentro de una opción política, incluso que forme con otros, asociaciones dedicadas a la política, en sus múltiples aspectos. Pero ninguno tiene permiso para reducir la fe a su opción política, ni comprometer a la Iglesia en una opción entre otras.

El que se ponga a trabajar en lo político, no debe olvidar que su compromiso no es con los hombres, sino con Dios y que debe obedecer a Dios antes que a los hombres, en todos los temas. ¡Ánimo, valientes!

viernes, 20 de febrero de 2015

¿Por qué la penitencia?

Se podría preguntar, al modo de una analogía, si todavía hacen falta medicinas para curar enfermedades. En ese caso, la respuesta sería clara, mientras existan las enfermedades, serán indispensables las medicinas.

Así mientras exista pecado, será necesaria la penitencia para reparar la culpa.

Algunos se oponen a esta afirmación. Dicen que, efectivamente, el pecado exige reparación, pero que ésta ya se ha dado de una vez para siempre y para todos. La revelación divina nos ensaña que Jesucristo ha pagado en la cruz por todos los pecados, de todos los hombres, de todos los tiempos, aún los todavía no cometidos. Es cierto. Pero San Pablo nos enseña que “hay que completar en nosotros, lo que falta a la Pasión de Cristo”.

En cuanto al pago por el pecado, exigido por la divina justicia, a la Pasión de Cristo no le falta nada. Constituye el definitivo triunfo de la gracia de Dios sobre todo pecado y esa justicia es la que se nos aplica por medio del Bautismo, como camino ordinario, sin excluir los infinitos caminos extraordinarios que Dios puede dar a los hombres, para cumplir su voluntad de salvar a todos.

Si la Pasión de Cristo ha satisfecho de manera plena y definitiva la deuda de los pecados, cómo es que el apóstol habla de “completar lo que falta a la Pasión de Cristo”. ¿Qué le falta que debamos nosotros completar? ¿Qué hay de lo nuestro que pueda pagar la deuda de un solo pecado y qué imperfección podría tener la misericordia del Redentor?

La Misericordia de Dios, obrada por la Pasión y Muerte de Jesucristo, su divino Hijo, no tiene imperfección alguna. Es acto de Dios y es, por lo tanto, perfecto y completo. Una sola cosa es capaz de frustrar sus efectos y es la libertad de cada hombre. Para obtener sus frutos es necesario creer y obedecer. Si bien, la fe y la posibilidad de ser discípulos, se nos dan juntas en el Bautismo, así como el ser plenamente humanos se nos da desde la concepción, pero debe ir desarrollándose poco a poco, hasta llegar a la plenitud; de semejante manera, la gracia recibida de la Pasión de Cristo no requiere de un nuevo mérito de parte del hombre, pero sí de su continua y constante aceptación. La misma gracia que nos rescata en el Bautismo, nos vuelve a santificar en cada Reconciliación o Confesión, pero no de un modo mágico, sino al modo de lo humano, es decir con nuestra colaboración, con nuestra aceptación. Para eso es necesario, entre otras cosas la penitencia, esto es, los sacrificios y privaciones que podamos realizar libremente. La Iglesia nos pide realizarlos siempre. Cada semana nos lo pide especialmente los viernes; y una vez al año en el tiempo de Cuaresma, con 40 días de oportuna y vivificante penitencia. Estamos en ese período del año, no dejemos de aprovecharlo.

domingo, 1 de febrero de 2015

Agradecer las primicias

En nuestra Mendoza, al llegar a los actos principales de la Fiesta de la Vendimia, lo primero es la Bendición de los Frutos, o lo que los antiguos llamaban, la presentación a Dios de las primicias de la cosecha. ¿Por qué? Porque somos administradores de una finca cuyo dueño es Dios, por eso lo primero y lo mejor ha de ofrecerse al dueño.

Después del pecado, la primera gran crisis de la humanidad, consecuencia de la primera desobediencia, fue el homicidio. Descuidado de la Voluntad de Dios, el hombre se volvió lobo del hombre.

La Sagrada Escritura nos describe aquella terrible consecuencia del pecado, con el enfrentamiento entre Caín y Abel. Y justamente se presenta en el marco de la ofrenda de las primicias. Caín era agricultor, Abel era pastor. Mientras Abel presentó a Dios lo mejor de su rebaño, Caín sólo le ofreció las sobras. Dios aceptó con agrado la ofrenda de Abel y, por supuesto, no pudo quedar agradado con el egoísmo avaro de Caín. Pero, este, en lugar de pedir perdón a Dios por su ofensa, se volvió feroz contra su hermano, y por envidia lo mató.

La sangre de Abel es profecía de la de Cristo, el verdadero Justo que ofrece a Dios la mejor primicia, su propia vida en rescate por la multitud.

Sigue habiendo “caínes” que ofrecen a Dios mentiras, sobras, falsos dones. Pero también, sigue habiendo muchos que, como Abel, dan a Dios lo mejor de sí.

En la Bendición de los Frutos de nuestra fiesta vendimial, unimos el verdadero deseo de dar a Dios las gracias por los frutos conseguidos, con el don perfecto del amor de Cristo con el que esperamos sean bendecidos.

Dios no necesita de uvas y duraznos, eso es evidente. Pero sí espera corazones obedientes, que le den lo mejor de sí mismos, que es lo menos que podemos dar a Aquel de quien todo recibimos.

Al participar de la Bendición de los Frutos, en esta nueva Vendimia, ojalá no lo hagamos sólo por participar de un bello espectáculo, de una costumbre tradicional de nuestra tierra y nada más. Estaríamos haciendo algo bueno, pero insuficiente.

Sería bueno que vayamos a poner nuestros corazones ante Dios, a rendirle la debida alabanza. Con un corazón contrito, porque mucho hemos maltratado la finca del Señor. Vayamos al encuentro de aquel que nos ama hasta el exceso más increíble, que es colmarnos de la bendición que no merecemos, pero que Él mismo nos ha conseguido al precio de su sangre.

Cuando el sacerdote invoque el Nombre Santo sobre el fruto de nuestro trabajo, saquemos de nuestros corazones todos los avaros egoísmos de Caín, para poner la pura y limpia intención de Abel. Y a partir de esa mejor intención, al sonar la reja del arado, comencemos, no tanto una fiesta más, sino una vida nueva, mejor.

viernes, 23 de enero de 2015

La corrupción mata

El país entero está conmocionado por la muerte de un hombre; la muerte del fiscal que se atrevió a acusar a las más altas autoridades, nada menos que de traición a la Patria. Es sin duda una muerte sobremanera significativa, pero no la única muerte de la corrupción argentina.

En esta bendita Patria de la abundancia de todo, se han muerto niños de hambre, y no han sido “casos aislados”.

La desnutrición endémica, mata todos los días la inteligencia futura de muchos, y en todas las provincias argentinas, incluso en Mendoza.

La falta, casi absoluta, de disciplina social mata a diario a cientos de argentinos, en accidentes de tránsito, en desatenciones sanitarias, en violencia familiar, en excesos de todo tipo.

La ludopatía mata familias todos los días y se acrecienta gracias a la corrupción que autoriza y promueve la proliferación de centros de juego por todo el país.

El deseo, protegido por las leyes de la corrupción, de ganar más a como de lugar, ha llevado a acrecentar el narcotráfico. La droga no se comercializa para ayudar, sino para ganar plata fácil, a pesar de que quienes lo hacen saben que la droga mata siempre y a todo el que la usa.

Protegidos a la sombra de un estado lleno de corrupción, crece el “negocio” de la trata de personas, infinitamente más vil que la misma esclavitud de antaño.

El egoísmo promueve el aborto y mata inocentes.

La integridad moral de la Patria está herida de muerte por el facilismo de los corruptos. No es “astuto y buen ciudadano” el que compra barato lo que otros han robado, incluso matando; el que eso hace es un miserable cómplice de robo y homicidio.

La lista de “muertos por la corrupción” es mucho más larga de lo que cabe en esta columna. Lo invito a que haga su propia lista, sin excluir aquello en lo que se descubra cómplice, aún sin haberse dado cuenta hasta ahora.

Un fiscal ha muerto y por el pequeño orificio de una bala calibre 22, se alcanza a ver el interior del cuerpo social lleno de podredumbre.

Ojalá que para cuando estas palabras se publiquen, ya se haya esclarecido la muerte del fiscal. Más aún deseo que, cuanto antes, tanto quienes nos gobiernan como los que este año pretenden llegar a hacerlo, dejen de mirar para otro lado sobre la corrupción que mata a la Patria.

Ruego a Dios por la conversión de la clase dirigente, porque si ellos no paran de robar, la corrupción no parará de matar.

Mientras tanto, ¿qué hacemos? No podemos quedarnos sólo a esperar el milagro. Se puede poner luz en las tinieblas, se puede dejar de ser cómplices y convertirse en denunciantes valientes. Se puede ser honesto y enseñar a los jóvenes a serlo. Y este año se puede votar mejor…

viernes, 16 de enero de 2015

Los lápices y balas pueden matar

Si me dicen que sólo es violento el que arregla las cosas a tiros o a golpes, yo le diría que también es posible ser violento, y mucho, con un simple “lápiz y papel”, con un escrito calumniador, con una caricatura burlesca.

Si alguien me dice que Dios exige la sumisión de los hombres, sin respeto de su libertad, de tal modo que el que no quiera creer y aceptar sus mandamientos se vuelve, sólo por eso, reo de muerte; le digo que no conoce lo que Dios ha dicho de sí mismo. Dios es rico en misericordia y juzgará, sí, por cierto, pero a cada uno según cada uno pueda entender y de lo que cada uno sea capaz, cosa que sólo Dios conoce.

Los fundamentalistas, de cualquier religión, no son discípulos de Dios, son psicópatas o pervertidos.

Si alguien me dice que la libertad, que todo hombre ha recibido de Dios, su creador, le da derecho a hacer lo que quiera, le digo que no entiende qué cosa es la libertad. Si me dice que por ser libre tiene derecho a blasfemar, porque entiende que la blasfemia es una opinión contraria a la fe y nada más, le digo que pensar diferente es muy distinto a insultar lo que otro piensa y cree. Blasfemar es insultar a Dios, y sea que crea en él o no lo haga, nada le da derecho a insultarlo. Además no sólo insulta a Dios, sino también a aquellos que le aman y creen en él. No tienen derecho a blasfemar, nadie lo tiene.

La Europa hipócrita dice que Charlie Hebdo tiene derecho a blasfemar y, al mismo tiempo, creen que los musulmanes no tienen derecho a vivir en la rica Europa, salvo que acepten ser sus esclavos, para hacer el trabajo que ellos ya no pueden hacer, porque fueron tan egoístas que no han tenido los hijos que podían.

Los terroristas pseudo-islámicos dicen que tienen derecho a vengar los insultos al profeta Mahoma, dando muerte a quienes ellos decidan. Así como los fundamentalistas no-islámicos opinan que habría que  dar muerte a los otros terroristas, sin más.

La Europa apóstata, a fuerza de negar a Dios sus derechos y darle derechos a los blasfemos, de tanto negar los mandamientos de Dios y considerar cualquier perversión como verdadera libertad, se ha llenado de fundamentalistas listos para asesinarlos (digo "fundamentalistas", no digo "musulmanes", porque no es lo mismo) y ahora están llenos de miedo y no comprenden cómo fue que pasó lo que pasó y lo que puede llegar a pasar.

Entiéndase bien: nadie tiene derecho a blasfemar y nadie tiene derecho a asesinar. Además creo que nadie tiene derecho a ser zonzo, como los liberales, ni malvado, como los terroristas.

Cuando una sociedad niega a Dios o pretende “usarlo” según su capricho, ¡se suicida!.

En esta guerra espantosa que hoy vive el mundo, sólo hay un fruto santo: los miles de mártires que mueren por amor y sin odiar.

domingo, 4 de enero de 2015

De leyes y costumbres

Qué ha sido primero, ¿la ley o la costumbre? ¿Quién engendra a quién? Cuando las leyes se cumplen, establecen costumbres en el obrar de la sociedad. Cuando las costumbres se generalizan, terminan convirtiéndose en leyes.

En el falso dilema sobre si es antes el huevo o la gallina, la sana filosofía responde que primero es la gallina. El huevo está en potencia de ser gallina, pero no puede llegar a serlo, si una gallina anterior no lo empolla. Porque la gallina está en acto, puede sacar al huevo de la potencia, en cambio el huevo que es solo potencia no puede nada. Ahora bien, como las gallinas no pueden hacerse a sí mismas, hay que aceptar que alguien anterior las hizo, aquel que es el Acto Puro y que los cristianos llamamos Dios.

En lo que hace a las leyes, pasa algo semejante, porque las leyes son la norma del buen obrar de todo. El hombre descubre las leyes de la física y de la química, simplemente porque ya existían antes que el hombre las pensase. ¿Qué pasa con las leyes de la sociedad humana? ¿Es el hombre el supremo legislador de esas leyes? ¿Acaso son y deben ser solamente el producto de leyes que forman costumbres contra costumbres que imponen leyes? ¿No hay un modelo anterior que permita una armonía frente a tanto caos en el que vivimos?

Un pensador pagano, Tácito, dijo alguna vez “¿para qué sirven las buenas leyes si no existen las buenas costumbres?. Según esto, las costumbres son anteriores a las leyes. Porque las buenas costumbres son la sujeción del obrar a unas normas superiores, que son las que rigen los hábitos buenos y los distinguen de los malos. Las que llamamos, con justa razón, “leyes morales”. Estas no han sido elaboradas en ninguna Legislatura humana, pero sí han estado siempre al alcance de la comprensión de los legisladores humanos. Cuando estos han obedecido la ley moral, han establecido leyes positivas que ayudaron a forjar buenas costumbres en la sociedad, así como intentaron evitar las malas costumbres, por violadoras de la ley moral.

Pero hoy en día, como con triste jocosidad se dice: “las leyes se han hecho para violarlas”. O también: “hecha la ley, hecha la trampa”, que suele ser la guía inmoral de buena parte del obrar jurídico positivo.

Es imperativo salvar las costumbres, procurar que mis costumbres sean conformes a la ley moral, es decir que sean buenas, simple y arduamente buenas. No necesito esperar que se hagan buenas leyes en el Congreso de la Nación, ya está claro que si quiero que las cosas funcionen bien, debo hacer el bien y evitar el mal, sin esperar a que me obliguen. Y debo hacer el bien, aunque las leyes humanas pretendan obligarme a hacer el mal.

¡Feliz año nuevo del Señor!

jueves, 1 de enero de 2015

Homilía del Papa Francisco en Solemnidad de la Madre de Dios y Jornada de la Paz

Basílica de San Pedro, 1º de enero de 2015.

Vuelven hoy a la mente las palabras con las que Isabel pronunció su bendición sobre la Virgen Santa: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1,42-43).

Esta bendición está en continuidad con la bendición sacerdotal que Dios había sugerido a Moisés para que la transmitiese a Aarón y a todo el pueblo: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26). Con la celebración de la solemnidad de María, Madre de Dios, la Iglesia nos recuerda que María es la primera destinataria de esta bendición. Se cumple en ella, pues ninguna otra criatura ha visto brillar sobre ella el rostro de Dios como María, que dio un rostro humano al Verbo eterno, para que todos lo puedan contemplar.

Además de contemplar el rostro de Dios, también podemos alabarlo y glorificarlo como los pastores, que volvieron de Belén con un canto de acción de gracias después de ver al niño y a su joven madre (cf. Lc 2,16). Ambos estaban juntos, como lo estuvieron en el Calvario, porque Cristo y su Madre son inseparables: entre ellos hay una estrecha relación, como la hay entre cada niño y su madre. La carne de Cristo, que es el eje de la salvación (Tertuliano), se ha tejido en el vientre de María (cf. Sal 139,13). Esa inseparabilidad encuentra también su expresión en el hecho de que María, elegida para ser la Madre del Redentor, ha compartido íntimamente toda su misión, permaneciendo junto a su hijo hasta el final, en el Calvario.

María está tan unida a Jesús porque él le ha dado el conocimiento del corazón, el conocimiento de la fe, alimentada por la experiencia materna y el vínculo íntimo con su Hijo. La Santísima Virgen es la mujer de fe que dejó entrar a Dios en su corazón, en sus proyectos; es la creyente capaz de percibir en el don del Hijo el advenimiento de la «plenitud de los tiempos» (Ga 4,4), en el que Dios, eligiendo la vía humilde de la existencia humana, entró personalmente en el surco de la historia de la salvación. Por eso no se puede entender a Jesús sin su Madre.

Cristo y la Iglesia son igualmente inseparables, y no se puede entender la salvación realizada por Jesús sin considerar la maternidad de la Iglesia. Separar a Jesús de la Iglesia sería introducir una «dicotomía absurda», como escribió el beato Pablo VI (cf. Exhort. ap. N. Evangelii nuntiandi, 16). No se puede «amar a Cristo pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo pero no a la Iglesia, estar en Cristo pero al margen de la Iglesia» (ibíd.). En efecto, la Iglesia, la gran familia de Dios, es la que nos lleva a Cristo. Nuestra fe no es una idea abstracta o una filosofía, sino la relación vital y plena con una persona: Jesucristo, el Hijo único de Dios que se hizo hombre, murió y resucitó para salvarnos y vive entre nosotros. ¿Dónde lo podemos encontrar? Lo encontramos en la Iglesia. Es la Iglesia la que dice hoy: «Este es el Cordero de Dios»; es la Iglesia quien lo anuncia; es en la Iglesia donde Jesús sigue haciendo sus gestos de gracia que son los sacramentos.

Esta acción y la misión de la Iglesia expresa su maternidad. Ella es como una madre que custodia a Jesús con ternura y lo da a todos con alegría y generosidad. Ninguna manifestación de Cristo, ni siquiera la más mística, puede separarse de la carne y la sangre de la Iglesia, de la concreción histórica del Cuerpo de Cristo. Sin la Iglesia, Jesucristo queda reducido a una idea, una moral, un sentimiento. Sin la Iglesia, nuestra relación con Cristo estaría a merced de nuestra imaginación, de nuestras interpretaciones, de nuestro estado de ánimo.

Queridos hermanos y hermanas. Jesucristo es la bendición para todo hombre y para toda la humanidad. La Iglesia, al darnos a Jesús, nos da la plenitud de la bendición del Señor. Esta es precisamente la misión del Pueblo de Dios: irradiar sobre todos los pueblos la bendición de Dios encarnada en Jesucristo. Y María, la primera y perfecta discípula de Jesús, modelo de la Iglesia en camino, es la que abre esta vía de la maternidad de la Iglesia y sostiene siempre su misión materna dirigida a todos los hombres. Su testimonio materno y discreto camina con la Iglesia desde el principio. Ella, la Madre de Dios, es también Madre de la Iglesia y, a través de la Iglesia, es Madre de todos los hombres y de todos los pueblos.

Que esta madre dulce y premurosa nos obtenga la bendición del Señor para toda la familia humana. De manera especial hoy, Jornada Mundial de la Paz, invocamos su intercesión para que el Señor nos de la paz en nuestros días: paz en nuestros corazones, paz en las familias, paz entre las naciones.

Este año, en concreto, el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz lleva por título: «No más esclavos, sino hermanos». Todos estamos llamados a ser libres, todos a ser hijos y, cada uno de acuerdo con su responsabilidad, a luchar contra las formas modernas de esclavitud. Desde todo pueblo, cultura y religión, unamos nuestras fuerzas. Que nos guíe y sostenga Aquel que para hacernos a todos hermanos se hizo nuestro servidor.

Saludemos a la Virgen, quiero proponeros que la saludemos juntos, como lo hizo el valiente pueblo de Éfeso, que gritaba a sus pastores cuando entraban en la Iglesia: "Santa Madre de Dios". ¡Qué bello saludo a nuestra madre! Dice una historia, no se si es cierta, que algunos entre estas personas, tenían bastones en la mano, quizás para dar a entender a los obispos lo que les pasaría si no tenían el valor de proclamarla Madre de Dios… Os invito a todos, sin bastones, a levantaros y por tres veces saludarla, en pie, con este saludo de la Iglesia primitiva: “Santa Madre de Dios”.