domingo, 3 de mayo de 2015

Que mande el prudente

Cuentan como verdadera una anécdota de la vida de Santo Tomás de Aquino, máximo doctor de la Iglesia, que habría ocurrido al tener que elegir un nuevo superior para un convento. Algunos frailes le fueron a proponer a fray Tomás que les dijera cual de tres candidatos, se debería elegir para el cargo. Proponían uno muy santo, otro muy docto en todas las ciencias filosóficas y teológicas (que son las ciencias de las esencias) y por último uno que era muy buen administrador, pero nada más. Cuando todos pensaban que el famoso fraile sabio se quedaría con alguno de los dos primeros candidatos, este dijo sin dudar “que el prudente nos gobierne y que el sabio lo asesore”. Los otros dijeron “¿y el santo?”, a lo que Santo Tomás respondió: “ese que rece por nosotros”. No sé si la anécdota es verdadera en todas sus instancias, pero sí sé que concuerda con las enseñanzas del Doctor Angélico, que así es como entendía el gobierno de la cosa política, usando este concepto en su sentido más amplio.

El que había dado razones para tenerlo por buen administrador, resultaba ser el más prudente para el gobierno, ya que gobernar es administrar los bienes de todos para que sirvan al bien de cada uno. Se trata de administrar el Bien Común de la sociedad, para asegurar el bienestar de todos y cada uno de los individuos.

Pero al que le toca el hacer práctico, le conviene el consejo del que es capaz de la abstracción, es decir, del que sabe “ver” las esencias de lo mutable, descubriendo lo verdaderamente importante, separándolo de lo meramente accidental.

El sabio debe ser el consejero del hombre práctico y así se completa el obrar prudente que es la regla del político, o debiera ser, si se quiere gobernar bien.

Es la razón valedera por la que los presupuestos de los estados incluyen dinero para el sueldo de asesores.

Pero y ¿qué hay del santo?, es decir del hombre religioso, del que se dedica a hablar a Dios de los hombres y a los hombres de Dios. Pues bien, que eso es lo que debe hacer y hacerlo bien. Esto no significa que no deba ser oído su consejo, ya que quien gobierna debe ser capaz de oír a todos y sobre todo a los mejores, para no equivocarse. Hoy hay unos cuantos curas metidos a políticos. Yo me pregunto, ¿cuándo se equivocaron? ¿Ahora, cuando dejaron el ministerio sagrado para dedicarse al gobierno político, o antes, cuando dejaron el mundo para dedicarse a Dios?

¿Buscan los gobernantes ser buenos administradores de lo que es de todos? Saberlo, lo saben, todos son políticos desde hace rato. ¿Tienen a sabios por asesores? ¿Se confían a la oración de los santos? ¡Ojo!, este año hay que exigírselos…

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