Tal como nos lo refiere la documentación segura, a los
pies de la pequeña imagen de la Pura y Limpia Concepción del Luján (tal el
primer nombre que tuvo nuestra Virgencita gaucha), el recientemente nombrado
General Don Manuel Belgrano, pidiendo la protección de la Madre de Dios y
nuestra, le prometió vestir con sus colores al ejército que comandaría. Así lo
hizo y, con el tiempo, la insignia de aquel primer ejército patrio se convirtió
en la Bandera Nacional.
Para que la bandera fuera totalmente mariana y por lo
mismo cristiana, le faltaba en el seno una figura del Verbo eterno encarnado en
María. Y esto lo realizó, sin saberlo ni pretenderlo, el General Bartolomé Mitre.
Dicen que quiso distinguir nuestra bandera de los colores de la casa de Borbón,
o bien que tuvo alguna otra causa no tan clara, lo cierto es que le puso en el
medio un sol rampante. Y resulta que Cristo es el verdadero “sol de justicia” y
como la bandera fue tomada del manto de María de Luján, poner el sol en su
centro no hace sino representar, mejor aún, el Misterio escondido desde los
siglos y manifestado en el Hijo de Dios, hecho carne en las purísimas entrañas
de la que Él mismo se eligió y preparó para tal misión.
La Virgen Madre, en su título de Ntra. Sra. de Luján
es proclamada como Patrona de la República Argentina, la misma República que
juró su primera constitución de organización nacional, invocando el auxilio de
Dios, fuente de toda razón y justicia. Y juraron por Dios, ya que de nada vale
un juramento por uno mismo o las cosas inferiores, se jura por lo superior, por
eso los padres fundadores lo hicieron a la sombra del crucificado y bajo el
manto de María.
El amor de la Santísima Virgen, en Luján como en
tantos otros lugares de esta bendita tierra argentina, ha forjado un espíritu
de fe, sencilla y profunda, que nuestro pueblo manifiesta siempre y a pesar de
la prédica disolvente de tantos poderosos. La simiente que plantó María
santísima en nuestra tierra patria, es el mismo Hijo que de ella hemos recibido
por designio divino.
Desde Luján y desde tantos otros santuarios de su
presencia misionera, Ella nos dice lo que en Caná de Galilea, cuando la primera
manifestación del Mesías: “Hagan todo lo que Él les diga”. ¡Una sola frase! Y
¡qué profundidad! Buscamos fórmulas salvadoras de la Patria y Ella nos
responde: ¡argentinos, hagan todo lo que les manda mi Hijo!
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