Si alguien me dice que Dios exige la sumisión de los
hombres, sin respeto de su libertad, de tal modo que el que no quiera creer y
aceptar sus mandamientos se vuelve, sólo por eso, reo de muerte; le digo que no
conoce lo que Dios ha dicho de sí mismo. Dios es rico en misericordia y
juzgará, sí, por cierto, pero a cada uno según cada uno pueda entender y de lo
que cada uno sea capaz, cosa que sólo Dios conoce.
Los fundamentalistas, de cualquier religión, no son
discípulos de Dios, son psicópatas o pervertidos.
Si alguien me dice que la libertad, que todo hombre ha
recibido de Dios, su creador, le da derecho a hacer lo que quiera, le digo que
no entiende qué cosa es la libertad. Si me dice que por ser libre tiene derecho
a blasfemar, porque entiende que la blasfemia es una opinión contraria a la fe
y nada más, le digo que pensar diferente es muy distinto a insultar lo que otro
piensa y cree. Blasfemar es insultar a Dios, y sea que crea en él o no lo haga,
nada le da derecho a insultarlo. Además no sólo insulta a Dios, sino también a
aquellos que le aman y creen en él. No tienen derecho a blasfemar, nadie lo
tiene.
La Europa hipócrita dice que Charlie Hebdo tiene derecho a blasfemar y, al mismo tiempo, creen
que los musulmanes no tienen derecho a vivir en la rica Europa, salvo que
acepten ser sus esclavos, para hacer el trabajo que ellos ya no pueden hacer,
porque fueron tan egoístas que no han tenido los hijos que podían.
Los terroristas pseudo-islámicos dicen que tienen
derecho a vengar los insultos al profeta Mahoma, dando muerte a quienes ellos
decidan. Así como los fundamentalistas no-islámicos opinan que habría que dar muerte a los otros terroristas, sin más.
La Europa apóstata, a fuerza de negar a Dios sus
derechos y darle derechos a los blasfemos, de tanto negar los mandamientos de
Dios y considerar cualquier perversión como verdadera libertad, se ha llenado
de fundamentalistas listos para asesinarlos (digo "fundamentalistas", no digo "musulmanes", porque no es lo mismo) y ahora están llenos de miedo y no
comprenden cómo fue que pasó lo que pasó y lo que puede llegar a pasar.
Entiéndase bien: nadie tiene derecho a blasfemar y
nadie tiene derecho a asesinar. Además creo que nadie tiene derecho a ser
zonzo, como los liberales, ni malvado, como los terroristas.
Cuando una sociedad niega a Dios o pretende “usarlo”
según su capricho, ¡se suicida!.
En esta guerra espantosa que hoy vive el mundo, sólo
hay un fruto santo: los miles de mártires que mueren por amor y sin odiar.
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