domingo, 4 de enero de 2015

De leyes y costumbres

Qué ha sido primero, ¿la ley o la costumbre? ¿Quién engendra a quién? Cuando las leyes se cumplen, establecen costumbres en el obrar de la sociedad. Cuando las costumbres se generalizan, terminan convirtiéndose en leyes.

En el falso dilema sobre si es antes el huevo o la gallina, la sana filosofía responde que primero es la gallina. El huevo está en potencia de ser gallina, pero no puede llegar a serlo, si una gallina anterior no lo empolla. Porque la gallina está en acto, puede sacar al huevo de la potencia, en cambio el huevo que es solo potencia no puede nada. Ahora bien, como las gallinas no pueden hacerse a sí mismas, hay que aceptar que alguien anterior las hizo, aquel que es el Acto Puro y que los cristianos llamamos Dios.

En lo que hace a las leyes, pasa algo semejante, porque las leyes son la norma del buen obrar de todo. El hombre descubre las leyes de la física y de la química, simplemente porque ya existían antes que el hombre las pensase. ¿Qué pasa con las leyes de la sociedad humana? ¿Es el hombre el supremo legislador de esas leyes? ¿Acaso son y deben ser solamente el producto de leyes que forman costumbres contra costumbres que imponen leyes? ¿No hay un modelo anterior que permita una armonía frente a tanto caos en el que vivimos?

Un pensador pagano, Tácito, dijo alguna vez “¿para qué sirven las buenas leyes si no existen las buenas costumbres?. Según esto, las costumbres son anteriores a las leyes. Porque las buenas costumbres son la sujeción del obrar a unas normas superiores, que son las que rigen los hábitos buenos y los distinguen de los malos. Las que llamamos, con justa razón, “leyes morales”. Estas no han sido elaboradas en ninguna Legislatura humana, pero sí han estado siempre al alcance de la comprensión de los legisladores humanos. Cuando estos han obedecido la ley moral, han establecido leyes positivas que ayudaron a forjar buenas costumbres en la sociedad, así como intentaron evitar las malas costumbres, por violadoras de la ley moral.

Pero hoy en día, como con triste jocosidad se dice: “las leyes se han hecho para violarlas”. O también: “hecha la ley, hecha la trampa”, que suele ser la guía inmoral de buena parte del obrar jurídico positivo.

Es imperativo salvar las costumbres, procurar que mis costumbres sean conformes a la ley moral, es decir que sean buenas, simple y arduamente buenas. No necesito esperar que se hagan buenas leyes en el Congreso de la Nación, ya está claro que si quiero que las cosas funcionen bien, debo hacer el bien y evitar el mal, sin esperar a que me obliguen. Y debo hacer el bien, aunque las leyes humanas pretendan obligarme a hacer el mal.

¡Feliz año nuevo del Señor!

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