En esta bendita Patria de la abundancia de todo, se
han muerto niños de hambre, y no han sido “casos aislados”.
La desnutrición endémica, mata todos los días la
inteligencia futura de muchos, y en todas las provincias argentinas, incluso en
Mendoza.
La falta, casi absoluta, de disciplina social mata a
diario a cientos de argentinos, en accidentes de tránsito, en desatenciones
sanitarias, en violencia familiar, en excesos de todo tipo.
La ludopatía mata familias todos los días y se
acrecienta gracias a la corrupción que autoriza y promueve la proliferación de
centros de juego por todo el país.
El deseo, protegido por las leyes de la corrupción, de
ganar más a como de lugar, ha llevado a acrecentar el narcotráfico. La droga no
se comercializa para ayudar, sino para ganar plata fácil, a pesar de que
quienes lo hacen saben que la droga mata siempre y a todo el que la usa.
Protegidos a la sombra de un estado lleno de
corrupción, crece el “negocio” de la trata de personas, infinitamente más vil
que la misma esclavitud de antaño.
El egoísmo promueve el aborto y mata inocentes.
La integridad moral de la Patria está herida de muerte
por el facilismo de los corruptos. No es “astuto y buen ciudadano” el que
compra barato lo que otros han robado, incluso matando; el que eso hace es un
miserable cómplice de robo y homicidio.
La lista de “muertos por la corrupción” es mucho más
larga de lo que cabe en esta columna. Lo invito a que haga su propia lista, sin
excluir aquello en lo que se descubra cómplice, aún sin haberse dado cuenta
hasta ahora.
Un fiscal ha muerto y por el pequeño orificio de una
bala calibre 22, se alcanza a ver el interior del cuerpo social lleno de
podredumbre.
Ojalá que para cuando estas palabras se publiquen, ya
se haya esclarecido la muerte del fiscal. Más aún deseo que, cuanto antes,
tanto quienes nos gobiernan como los que este año pretenden llegar a hacerlo,
dejen de mirar para otro lado sobre la corrupción que mata a la Patria.
Ruego a Dios por la conversión de la clase dirigente,
porque si ellos no paran de robar, la corrupción no parará de matar.
Mientras tanto, ¿qué hacemos? No podemos quedarnos
sólo a esperar el milagro. Se puede poner luz en las tinieblas, se puede dejar
de ser cómplices y convertirse en denunciantes valientes. Se puede ser honesto
y enseñar a los jóvenes a serlo. Y este año se puede votar mejor…
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