Es claro que lo que ha dicho el Papa Francisco, en su
última gira, va a dar mucho que hablar.
Tal vez no dijo nada nuevo, pero lo dijo de un modo
nuevo. El Magisterio de la Iglesia ha dejado claro, en muchas de sus páginas
doctrinales y desde hace mucho tiempo que, así como la ideología marxista es
intrínsecamente perversa, así también el liberalismo, sustento ideológico del
capitalismo liberal, es pecado, un pecado social, grave y destructivo. El
comunismo, sistema que surge de aplicar el marxismo, se cayó definitivamente y
solo pervive en los ensueños utópicos de una minoría intelectualoide. No sólo
fracasó en la ex-Unión Soviética, dejando millones de víctimas. Ya ni siquiera
existe en China o en Cuba, lugares donde aún se ve la estrella roja, pero donde
sus economías, en manos de castas dominantes, sólo repiten las normas del
capitalismo salvaje.
El Papa alzó fuerte la voz sobre las nefastas
consecuencias de lo que llamó “estiércol del diablo”, definiendo así la avidez
liberal por el dinero; causante de tantas esclavitudes modernas y productor de
tantas guerras.
Pero no opuso comunismo a capitalismo, o viceversa,
con esa falsa y popular idea de que no existen más que esas dos opciones. Les
habló a los que imaginan socialismos superadores, sobre las mismas líneas equivocadas.
Los felicitó por sus acciones en bien de los más pobres, pero les indicó un
camino distinto y realmente superador de las irrealidades ideológicas. Incluso
les advirtió que, por más sinceras que sean sus intenciones, las ideologías
siempre terminan en los totalitarismos opresores de los más pobres y pequeños.
En su viaje apostólico, no sólo hubo palabras y
discursos, sino también gestos muy significativos. La torpe idea del Presidente
de Bolivia de regalarle un extraño engendro, de la ya desaparecida teología de
la liberación filomarxista, quedó sepultada bajo un sinnúmero de testimonios de
heroicas realidades cristianas, visibilizadas por la oportunidad brindada por
la Visita Papal.
El sistema no da más, ¡hay que cambiarlo! No volviendo
atrás, ni a las ideologías del siglo XX, ni a las utopías de antiguos supuestos
buenos tiempos.
Hay que ser realistas, tampoco es algo que se consiga
tan fácilmente, pero es un modo realmente posible en el que se pueden ir dando
pasos concretos.
Tres cosas les propuso conseguir a los Movimientos
Populares. Primero hacer efectiva la mejor distribución de los bienes, con
acceso a la educación, deporte, recreación; recurriendo a las ayudas sociales
sólo como excepción pasajera en la búsqueda de crear fuentes de trabajo dignas.
En segundo lugar, seguir procurando unir a los pueblos en el camino de la paz y
la justicia. Tercero, cuidar realmente, en lo que esté al alcance de cada uno,
de la “casa común”.
A la avaricia del sistema, el Papa pidió oponer la
caridad efectiva y afectiva. ¡Se puede!
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