No conozco a la docente,
pero a raíz del suceso he podido tomar mayor conciencia de la tremenda gravedad
de la situación del sistema educativo. Objetivamente no es posible justificar las expresiones de violencia
que se escucharon en la grabación. Aunque al leer los comentarios y conocer
toda la polémica que se desató, se puede llegar a comprender que esta “anormalidad” suceda y que se repita por casi
todos lados.
A los que tenemos la dicha
de enseñar en colegios donde aún es posible el orden, el respeto y la disciplina
debidos e indispensables al proceso educativo de niños y adolescentes, igualmente
nos duele que pueda darse este desastre, sin que se tomen medidas eficientes
para solucionarlo.
Este clima de generalizada
violencia, de indiferencia ante el aprendizaje, de absoluta falta de respeto,
parece ser invisible a la mirada de las autoridades gubernamentales, quienes
deben proveer el derecho constitucional a la educación. Vemos que se sigue
insistiendo, gobierno tras gobierno, en las mismas “genialidades” pedagógicas,
que nos llevan de mal en peor. Estamos formando generaciones de ignorantes
irresponsables, y pareciera estar todo bien para padres y gobernantes.
Los niños y jóvenes en los
colegios, tienen un derecho fundamental, el derecho a estudiar y aprender. Y
eso supone que no deben estar vestidos de cualquier manera, peinados de
cualquier forma, haciendo cualquier cosa; porque, aunque estos ejemplos parezcan pequeñeces superadas, lo contrario es el caos en
el que están la mayoría de las escuelas. Por buscar una muy falsa “inclusión”,
hemos formado verdaderas selvas anárquicas, donde resulta imposible enseñar y
aprender.
Los docentes se ven
impotentes, los padres resultan cada día más ausentes y hasta cómplices, y las
autoridades absoluta y culpablemente ineptas para cumplir su deber.
Pero no hay manifestaciones
populares contra este desquicio. Nos importa la inseguridad, la inestabilidad
económica y el fútbol para todos, pero las causas de nuestras mayores
fragilidades, las que producen todos los demás males, esas no nos preocupan.
Mientras no nos ocupemos, todos, de este gran problema, estaremos condenados a
la desaparición como sociedad de personas libres y soberanas. Cualquier idiota
con plata nos dominará. Ahora cambian las autoridades, ¿harán algo mejor de lo
que se ha hecho hasta ahora? No lo escuché en ningún debate, pero ruego a Dios
que al menos lo intenten seriamente.
No debió “sacarse” la
docente, pero más importante es que no debió tener motivo para hacerlo. Y eso
es responsabilidad de todos y debemos exigirlo a las autoridades.
El problema de la educación no esta tanto en la escuela como en las familias, lo que pasa en la escuela es pura consecuencia.
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