¿Qué hemos hecho de su legado? Tenemos su nombre en
calles y plazas de todo el país. Tenemos asociaciones que recuerdan su historia
y celebran sus hazañas. Tenemos sus restos descansando en la Catedral de Buenos
Aires y su sable en el Museo Nacional. Sus “máximas a Merceditas” se siguen
leyendo en nuestras escuelas primarias. Y no mucho más…
Un turista me dijo una vez: “qué importante es para
ustedes el “hombre del caballo”, está por todas partes”, se refería a las
estatuas ecuestres de San Martín, que tenemos por todo el país. ¿Es realmente
importante para nosotros? Debería serlo.
Uno de los grandes logros del partido liberal de la
Argentina, fue poner a San Martín en las plazas y sacarlo de las mentes y los
corazones de los argentinos. Conocemos muy poco de su figura, de su vida, menos.
Para el ridículo pseudo-progresismo de hoy, apenas
llega a ser la oportunidad de una falsificación cinematográfica para promover
al líder difunto, ¡un mamarracho!
“Serás lo que debas ser o no serás nada”. Y ¿qué es lo
que debíamos ser, según nuestro Padre y Libertador? Ese es el gran interrogante
que casi nadie se hace en la Patria. ¿A quién le importa? La Argentina hoy,
para muchos, especialmente para los que la van de líderes, es una oportunidad
para vivir bien, porque acá sobra de todo. Para muchos más, es sólo el lugar
donde se come, se bebe, se ve fútbol y se deja pasar la vida.
¿Se habría largado a cruzar la cordillera el General,
de haber sabido que íbamos a hacer lo que hacemos con la Patria? Él sí, él lo
habría hecho de todos modos y lo volvería a hacer. Porque era un héroe, porque
era un cristiano de ley, un hombre íntegro y honesto. ¿Y nosotros? ¿Lo
haríamos, lo habríamos seguido, siendo como somos? Muchos de nosotros, no hace
muchos años, probaron que todavía quedaba en la Patria gente dispuesta al
heroísmo. Tratamos su memoria como la de San Martín, monumentos y olvido.
Yo creo que todavía hay gente capaz de la herencia de
San Martín. Lo veo en muchos jóvenes. Los que a pesar de las modas, son fieles,
no se drogan, no se alcoholizan, tienen ideales y se mueven por ellos. Hay
gente a la que le cuesta, pero no aflojan.
Desde sus monumentos, en cada rincón
de la Patria, Don José Francisco nos convoca. Hoy no hacen falta espadas, pero
si corazones capaces del heroísmo. La Patria los tiene y se impondrán sobre los
corruptos.
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