sábado, 7 de marzo de 2015

Católicos en política

Sé que algunos de los lectores de esta columna se molestan cuando dedico el espacio para hablar de política. Me lo han dicho. Piensan que no es un tema que deba ser abordado por un sacerdote. Siento mucho disgustarlos una vez más y contradecir su opinión.

Precisamente porque soy sacerdote no debo dejar de iluminar desde el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, también este tema de la política. Lo que de ninguna manera debo hacer es tomar partido por alguna postura política en particular, ya que debo mi ministerio a todos, sin excepción. Incluso a los que pudieran sostener ideas opuestas a las enseñanzas de Cristo, ya que el Señor dio la vida también por ellos y yo sólo soy un administrador de su gracia redentora.

El “meterse” en posturas determinadas, dentro del actuar político, es tarea de los cristianos laicos. Al decir “laico” me refiero a todo bautizado que no sea clérigo.

Esta obligación surge del propio compromiso bautismal, que nos exige una caridad concreta y eficiente. El recto actuar político es precisamente el ejercicio de la más alta caridad en el orden social. No basta con dar limosna o comprometer algún tiempo o recursos en una obra de ayuda a los demás. Es fundamental hacer participar la fe en la toma de decisiones de la sociedad civil. Para que haya una más justa distribución de los bienes y oportunidades, no se debe dejar la política en manos de los corruptos. Hay que meterse y meterse en serio.

Si bien la acción política es una obligación que surge de la misma fe en Cristo, debe ser realizada con prudencia y respeto de la diversidad de opciones. El Papa Pío XII enseñaba que la política es el plano de las libres opciones; y ya que son libres no se las debe encerrar en una única, por muy mejor que pudiera ser alguna respecto de otras. En casi todos los partidos políticos hay católicos (aunque no siempre se notan), pero no existe ni existirá un “partido católico”. Así como es una obligación de todo bautizado el confesar (incluso públicamente) su fe en el ámbito de la política, resulta una cierta deshonestidad pretender representar a la Iglesia en su conjunto o a alguna de sus instituciones particulares en la opción que cada uno elije.

Es bueno que un laico católico se comprometa dentro de una opción política, incluso que forme con otros, asociaciones dedicadas a la política, en sus múltiples aspectos. Pero ninguno tiene permiso para reducir la fe a su opción política, ni comprometer a la Iglesia en una opción entre otras.

El que se ponga a trabajar en lo político, no debe olvidar que su compromiso no es con los hombres, sino con Dios y que debe obedecer a Dios antes que a los hombres, en todos los temas. ¡Ánimo, valientes!

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