Precisamente porque soy sacerdote no debo dejar de
iluminar desde el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia, también este tema
de la política. Lo que de ninguna manera debo hacer es tomar partido por alguna
postura política en particular, ya que debo mi ministerio a todos, sin
excepción. Incluso a los que pudieran sostener ideas opuestas a las enseñanzas
de Cristo, ya que el Señor dio la vida también por ellos y yo sólo soy un
administrador de su gracia redentora.
El “meterse” en posturas determinadas, dentro del
actuar político, es tarea de los cristianos laicos. Al decir “laico” me refiero
a todo bautizado que no sea clérigo.
Esta obligación surge del propio compromiso bautismal,
que nos exige una caridad concreta y eficiente. El recto actuar político es
precisamente el ejercicio de la más alta caridad en el orden social. No basta
con dar limosna o comprometer algún tiempo o recursos en una obra de ayuda a los
demás. Es fundamental hacer participar la fe en la toma de decisiones de la
sociedad civil. Para que haya una más justa distribución de los bienes y
oportunidades, no se debe dejar la política en manos de los corruptos. Hay que
meterse y meterse en serio.
Si bien la acción política es una obligación que surge
de la misma fe en Cristo, debe ser realizada con prudencia y respeto de la
diversidad de opciones. El Papa Pío XII enseñaba que la política es el plano de las libres opciones; y ya que son libres
no se las debe encerrar en una única, por muy mejor que pudiera ser alguna
respecto de otras. En casi todos los partidos políticos hay católicos (aunque no siempre se notan), pero no
existe ni existirá un “partido católico”. Así como es una obligación de todo
bautizado el confesar (incluso públicamente) su fe en el ámbito de la política,
resulta una cierta deshonestidad pretender representar a la Iglesia en su
conjunto o a alguna de sus instituciones particulares en la opción que cada uno
elije.
Es bueno que un laico católico se comprometa dentro de
una opción política, incluso que forme con otros, asociaciones dedicadas a la
política, en sus múltiples aspectos. Pero ninguno tiene permiso para reducir la
fe a su opción política, ni comprometer a la Iglesia en una opción entre otras.
El que se ponga a trabajar en lo político, no debe
olvidar que su compromiso no es con los hombres, sino con Dios y que debe
obedecer a Dios antes que a los hombres, en todos los temas. ¡Ánimo, valientes!
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