viernes, 10 de abril de 2015

De cobardes a valientes

Podemos imaginar a un grupo de amigos, que llevan años juntos y que, en un momento dado, uno de ellos comienza a tener graves problemas. El grupo se conmociona mucho, pero en lugar de acompañar al amigo en desgracia, lo abandonan. Más aún dos de ellos lo traicionan. El amigo muere. Sus matadores declaran que harán lo mismo con todo aquel que se llame amigo del muerto. Imagínense ¿qué harían los que lo abandonaron cuando comenzó a sufrir y lo dejaron solo o lo negaron cuando fue a morir?...

Esto pasó con Jesús, pero los resultados de la historia resultaron bien distintos de lo que pudo pasar a este grupo imaginario de amigos desamorados.

Jesús se mostró “poderoso en obras y palabras”, es del único hombre del que se pudo decir, sin excepciones, que “pasó haciendo el bien”. Jesús prometió a sus seguidores el Reino eterno y feliz, que “nadie les podrá arrebatar”. Invitó a sus discípulos a seguirlo por su mismo camino, en la confianza de alcanzar con Él el triunfo prometido y para animarlos realizó portentosos milagros. “Jamás se dijo de alguien que le diera la vista a un ciego de nacimiento” y Él lo hizo. resucitó muertos, curó todo tipo de enfermedades y se mostró poderoso ante el demonio.

Habló, ciertamente, de que debía librar un combate, que sería entregado y sentenciado, y declaró que triunfaría al tercer día. Esto del combate los tenía perplejos. Tanto que no entendían de qué hablaba cuando decía de “resucitar de entre los muertos”.

Un día ocurrió lo tan temido. Llegó “la hora” anunciada. Fue herido el pastor y se dispersaron las ovejas. Todos los abandonaron, Judas la entregó y Pedro lo negó tres veces. Todos huyeron y se encerraron llenos de temor.

Unos días después y estando pendiente la orden de captura y muerte para sus seguidores, los cobardotes de la Pasión, comienzan a predicar de Él. Los que lo negaron mientras andaba en vida mortal, después de muerto y entregado, lo proclaman como al vencedor del pecado y de la muerte. Los que se achicaron durante el combate y se escondieron llenos de miedo ante la frustración del calvario, aparecen enfrentando a todos, sin temor alguno. Los que pensaron que no podía salvarse a sí mismo de la cruz, ahora están seguros de que los salvará a ellos de todo mal.

¿Qué pasó? Algunos dicen que no murió, sino que, aprovechando una distracción, se fugó. ¡Absurdo e increíble!. Otros, que de tanto que lo querían, los discípulos se imaginaron que había resucitado; es decir: más de 500 fantasiosos enfrentando la muerte, de un día para el otro y sin ninguna razón. ¡Increíble!

¡No! Sólo una cosa puede explicar que estos que fueron cobardes, se hayan vuelto tan valientes y, todos sin excepción, hayan dado su vida por este anuncio; esa cosa es que de verdad lo vieron y comprobaron que había resucitado de entre los muertos. ¡Vive y puede vivificarnos!.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario