Comparto el texto del Decreto del Presidente Hipólito Yrigoyen, en el que establece que sea Día Patrio y explica por qué. está muy bueno (también al leerlo uno se explica que tan pobre y equivocado fue el cambiarle el nombre. De todos modos el nombre actual de este día en la efemérides oficial es inteligible y todo el mundo sigue diciendo "Día de la Raza" o "de la Hispanidad" o del Descubrimiento"... el Pueblo sencillo no sigue a los ideólogos tanto como ello creen...)
Va el texto del Decreto de Yrigoyen:
Considerandos:
"1º. El descubrimiento de América es el acontecimiento más trascendental
que haya realizado la humanidad a través de los tiempos, pues todas las
renovaciones posteriores derivan de este asombroso suceso, que a la par
que amplió los límites de la tierra, abrió insospechados horizontes al
espíritu.
"2º. Que se debió al genio hispano intensificado con la visión suprema de
Colón, efemérides tan portentosa, que no queda suscrita al prodigio del
descubrimiento, sino que se consolida con la conquista, empresa ésta tan
ardua que no tiene término posible de comparación en los anales de todos
los pueblos.
"3º. Que la España descubridora y conquistadora volcó sobre el continente
enigmático el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus
exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la
labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad
que integra la nación americana.
Resolución:
"Por tanto, siendo eminentemente justo consagrar la festividad de la fecha
en homenaje a España, progenitora de las naciones a las cuales ha dado con
la levadura de su sangre y la armonía de su lengua una herencia inmortal,
debemos afirmar y sancionar el jubiloso reconocimiento, y el poder
ejecutivo de la nación:
"Artículo primero: Se declara Fiesta Nacional el 12 de octubre.
"Artículo segundo: Comuníquese, publíquese, dése al Registro Nacional y se
archive".
lunes, 12 de octubre de 2015
viernes, 28 de agosto de 2015
Se necesitan palabras para pensar
¿A cuántas palabras se reduce el vocabulario de una
persona hoy? Si pensamos en adultos que han leído mucho, probablemente ese
número de palabras conocidas sea bastante grande. Si pensamos en las jóvenes
generaciones, en los que hoy están tomando los puestos de mando en todas las
cosas, ya no es tan grande el número, pues han tenido que padecer las barbaridades
de los pedagogos modernos, que hicieron todo lo posible por impedirles el
acceso a la buena literatura, sumado al aporte de escritores que todo lo que
han hecho es multiplicar las palabrotas y las obscenidades en sus supuestas
obras literarias, sin contar con el efecto de lo audiovisual que, aunque muy
bueno en sí mismo, reemplaza las palabras con sensaciones visuales poco
definidas. Si nos trasladamos a los más pequeños de hoy y observamos sus
comunicaciones en las redes sociales, encontramos un vocabulario poco superior
al de los primates, con apenas algunos rasgos de humanidad que, a Dios gracias,
aún permanecen.
Es cierto que no basta tener un gran vocabulario, sino
también comprenderlo y usarlo para el bien. Conozco personas que poseen un
riquísimo vocabulario que, con gran soberbia, usan para confundir a otros y
hacerlos seguir falsas doctrinas. Con esa especie de tratados de la palabra
excesivamente trabajada, consiguen grandes frutos, ya sea en dinero, poder o
simplemente fama y aplauso. Todos bienes efímeros que suelen terminar siendo
muy dañinos.
Si no se conocen palabras en abundancia, conociendo,
al mismo tiempo, el significado de ellas, de modo de aprender a usarlas para la
argumentación, no se podrá lograr el conocimiento.
No es lo mismo “simiente” que “siguiente”, pero suenan
parecido y al leer, no son pocos los que leen una u otra sin detenerse a pensar
si es eso lo que se ha querido decir. Por lo tanto, al leer, no han entendido
en absoluto lo que leyeron; menos aún lo entendieron los que sólo escucharon la
lectura.
Los signos de puntuación, como las comas, los puntos
seguidos o los finales, tienen un sentido en la comprensión de lo que está
escrito. Si no los respeto, cambio el sentido y me puedo equivocar muy feo. Una
vez, en una Misa, un lector leyó: “¡Sí, Cristo no resucitó, vana es nuestra fe!”,
pero San Pablo dijo: “si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe”. (Por favor lea las dos versiones de nuevo,
bien despacio y trate de entender en dónde está el error. Si no lo comprende,
pregunte a alguien que sepa leer con buena pronunciación). La primera
forma, equivocando las comas y los acentos, concluye lo que afirmaría un ateo.
Bien leída, es una llamada de atención a los cristianos con poca instrucción
sobre lo importante de la fe.
Libros, buenos libros, muchos buenos libros, bien
leídos, para salvar la inteligencia humana. ¡Urgente!
miércoles, 12 de agosto de 2015
Qué hacemos con la Patria
Estamos a un paso de una nueva recordación del
fallecimiento del más grande héroe de la Patria. De ese grande “universal” que
fue el General Don José Francisco de San Martín. Su grandeza nos dio origen e
identidad ante el mundo, quiso darnos un legado para que siguiéramos su obra,
nos dio ejemplo y la vida misma.
¿Qué hemos hecho de su legado? Tenemos su nombre en
calles y plazas de todo el país. Tenemos asociaciones que recuerdan su historia
y celebran sus hazañas. Tenemos sus restos descansando en la Catedral de Buenos
Aires y su sable en el Museo Nacional. Sus “máximas a Merceditas” se siguen
leyendo en nuestras escuelas primarias. Y no mucho más…
Un turista me dijo una vez: “qué importante es para
ustedes el “hombre del caballo”, está por todas partes”, se refería a las
estatuas ecuestres de San Martín, que tenemos por todo el país. ¿Es realmente
importante para nosotros? Debería serlo.
Uno de los grandes logros del partido liberal de la
Argentina, fue poner a San Martín en las plazas y sacarlo de las mentes y los
corazones de los argentinos. Conocemos muy poco de su figura, de su vida, menos.
Para el ridículo pseudo-progresismo de hoy, apenas
llega a ser la oportunidad de una falsificación cinematográfica para promover
al líder difunto, ¡un mamarracho!
“Serás lo que debas ser o no serás nada”. Y ¿qué es lo
que debíamos ser, según nuestro Padre y Libertador? Ese es el gran interrogante
que casi nadie se hace en la Patria. ¿A quién le importa? La Argentina hoy,
para muchos, especialmente para los que la van de líderes, es una oportunidad
para vivir bien, porque acá sobra de todo. Para muchos más, es sólo el lugar
donde se come, se bebe, se ve fútbol y se deja pasar la vida.
¿Se habría largado a cruzar la cordillera el General,
de haber sabido que íbamos a hacer lo que hacemos con la Patria? Él sí, él lo
habría hecho de todos modos y lo volvería a hacer. Porque era un héroe, porque
era un cristiano de ley, un hombre íntegro y honesto. ¿Y nosotros? ¿Lo
haríamos, lo habríamos seguido, siendo como somos? Muchos de nosotros, no hace
muchos años, probaron que todavía quedaba en la Patria gente dispuesta al
heroísmo. Tratamos su memoria como la de San Martín, monumentos y olvido.
Yo creo que todavía hay gente capaz de la herencia de
San Martín. Lo veo en muchos jóvenes. Los que a pesar de las modas, son fieles,
no se drogan, no se alcoholizan, tienen ideales y se mueven por ellos. Hay
gente a la que le cuesta, pero no aflojan.
Desde sus monumentos, en cada rincón
de la Patria, Don José Francisco nos convoca. Hoy no hacen falta espadas, pero
si corazones capaces del heroísmo. La Patria los tiene y se impondrán sobre los
corruptos.
viernes, 17 de julio de 2015
Doctrina Social cristiana
(Nota: Este pequeño aporte no pretende agotar la Doctrina Social de la Iglesia, solo referirse humildemente a lo dicho al respecto por el Papa Francisco, en su reciente visita a Latinoamérica.)
Es claro que lo que ha dicho el Papa Francisco, en su
última gira, va a dar mucho que hablar.
Tal vez no dijo nada nuevo, pero lo dijo de un modo
nuevo. El Magisterio de la Iglesia ha dejado claro, en muchas de sus páginas
doctrinales y desde hace mucho tiempo que, así como la ideología marxista es
intrínsecamente perversa, así también el liberalismo, sustento ideológico del
capitalismo liberal, es pecado, un pecado social, grave y destructivo. El
comunismo, sistema que surge de aplicar el marxismo, se cayó definitivamente y
solo pervive en los ensueños utópicos de una minoría intelectualoide. No sólo
fracasó en la ex-Unión Soviética, dejando millones de víctimas. Ya ni siquiera
existe en China o en Cuba, lugares donde aún se ve la estrella roja, pero donde
sus economías, en manos de castas dominantes, sólo repiten las normas del
capitalismo salvaje.
El Papa alzó fuerte la voz sobre las nefastas
consecuencias de lo que llamó “estiércol del diablo”, definiendo así la avidez
liberal por el dinero; causante de tantas esclavitudes modernas y productor de
tantas guerras.
Pero no opuso comunismo a capitalismo, o viceversa,
con esa falsa y popular idea de que no existen más que esas dos opciones. Les
habló a los que imaginan socialismos superadores, sobre las mismas líneas equivocadas.
Los felicitó por sus acciones en bien de los más pobres, pero les indicó un
camino distinto y realmente superador de las irrealidades ideológicas. Incluso
les advirtió que, por más sinceras que sean sus intenciones, las ideologías
siempre terminan en los totalitarismos opresores de los más pobres y pequeños.
En su viaje apostólico, no sólo hubo palabras y
discursos, sino también gestos muy significativos. La torpe idea del Presidente
de Bolivia de regalarle un extraño engendro, de la ya desaparecida teología de
la liberación filomarxista, quedó sepultada bajo un sinnúmero de testimonios de
heroicas realidades cristianas, visibilizadas por la oportunidad brindada por
la Visita Papal.
El sistema no da más, ¡hay que cambiarlo! No volviendo
atrás, ni a las ideologías del siglo XX, ni a las utopías de antiguos supuestos
buenos tiempos.
Hay que ser realistas, tampoco es algo que se consiga
tan fácilmente, pero es un modo realmente posible en el que se pueden ir dando
pasos concretos.
Tres cosas les propuso conseguir a los Movimientos
Populares. Primero hacer efectiva la mejor distribución de los bienes, con
acceso a la educación, deporte, recreación; recurriendo a las ayudas sociales
sólo como excepción pasajera en la búsqueda de crear fuentes de trabajo dignas.
En segundo lugar, seguir procurando unir a los pueblos en el camino de la paz y
la justicia. Tercero, cuidar realmente, en lo que esté al alcance de cada uno,
de la “casa común”.
A la avaricia del sistema, el Papa pidió oponer la
caridad efectiva y afectiva. ¡Se puede!
sábado, 4 de julio de 2015
¿Se puede educar hoy?
A raíz del caso de la
profesora “sacada” que se viralizó en las redes y la prensa toda, lo que más me
llenó de asombro no fue tanto el desborde de la docente, cuanto la reacción de
la mayoría de los comentarios. Prácticamente todos justificaban a la docente y
muy pocos hacían salvedad de que debió reaccionar mejor. Tal parece que pocos pensaran que haya un modo mejor para responder al problema, y esto es parte también del problema.
No conozco a la docente,
pero a raíz del suceso he podido tomar mayor conciencia de la tremenda gravedad
de la situación del sistema educativo. Objetivamente no es posible justificar las expresiones de violencia
que se escucharon en la grabación. Aunque al leer los comentarios y conocer
toda la polémica que se desató, se puede llegar a comprender que esta “anormalidad” suceda y que se repita por casi
todos lados.
A los que tenemos la dicha
de enseñar en colegios donde aún es posible el orden, el respeto y la disciplina
debidos e indispensables al proceso educativo de niños y adolescentes, igualmente
nos duele que pueda darse este desastre, sin que se tomen medidas eficientes
para solucionarlo.
Este clima de generalizada
violencia, de indiferencia ante el aprendizaje, de absoluta falta de respeto,
parece ser invisible a la mirada de las autoridades gubernamentales, quienes
deben proveer el derecho constitucional a la educación. Vemos que se sigue
insistiendo, gobierno tras gobierno, en las mismas “genialidades” pedagógicas,
que nos llevan de mal en peor. Estamos formando generaciones de ignorantes
irresponsables, y pareciera estar todo bien para padres y gobernantes.
Los niños y jóvenes en los
colegios, tienen un derecho fundamental, el derecho a estudiar y aprender. Y
eso supone que no deben estar vestidos de cualquier manera, peinados de
cualquier forma, haciendo cualquier cosa; porque, aunque estos ejemplos parezcan pequeñeces superadas, lo contrario es el caos en
el que están la mayoría de las escuelas. Por buscar una muy falsa “inclusión”,
hemos formado verdaderas selvas anárquicas, donde resulta imposible enseñar y
aprender.
Los docentes se ven
impotentes, los padres resultan cada día más ausentes y hasta cómplices, y las
autoridades absoluta y culpablemente ineptas para cumplir su deber.
Pero no hay manifestaciones
populares contra este desquicio. Nos importa la inseguridad, la inestabilidad
económica y el fútbol para todos, pero las causas de nuestras mayores
fragilidades, las que producen todos los demás males, esas no nos preocupan.
Mientras no nos ocupemos, todos, de este gran problema, estaremos condenados a
la desaparición como sociedad de personas libres y soberanas. Cualquier idiota
con plata nos dominará. Ahora cambian las autoridades, ¿harán algo mejor de lo
que se ha hecho hasta ahora? No lo escuché en ningún debate, pero ruego a Dios
que al menos lo intenten seriamente.
No debió “sacarse” la
docente, pero más importante es que no debió tener motivo para hacerlo. Y eso
es responsabilidad de todos y debemos exigirlo a las autoridades.
sábado, 27 de junio de 2015
Permitido asesinar legalmente
Pocas
horas antes de las elecciones provinciales pasadas, nos llegaba la noticia de
la promulgación de un “protocolo para la
atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del
embarazo”. Una verdadera atrocidad, digna del más absoluto rechazo por
parte de toda persona que se respete y respete la vida.
La expresión “interrupción
del embarazo” es un eufemismo hipócrita, por el que se trata de disimular
en qué consiste esta acción del aborto provocado: el homicidio más vil y
miserable, el asesinato de un varón o una mujer, aún no ha nacido, pero ya
existente y que debe ser protegido.
Agregarle a esta hipócrita condena a muerte la palabra
“legal”, es establecer el derecho y
hasta la obligación, según este mismo adefesio pretendidamente legal, de
dictar oficialmente la pena de muerte de los inocentes por nacer, sin
juicio ni defensa.
Que se pretenda que existen “personas con derecho” a asesinar a seres humanos nonatos, por el motivo que
sea, es una monstruosidad digna del nazismo o de las peores prácticas del
paganismo precristiano.
Que este engendro de injusticia y malignidad esté
rubricado por las más altas autoridades, que para vergüenza suya se declaran
cristianos, convierte a sus autores en criminales de lesa humanidad. Hay que recordarles que, a menos que se arrepientan
y reparen, no podrán escapar de la justa ira de Dios, que protege a los débiles
y aplasta a los soberbios.
El perverso “protocolo” pretende imponerse sobre las
conciencias personales e institucionales, prohibiendo de hecho la objeción de
conciencia, actitud comparable a las criminales órdenes de Nerón o de Hittler,
que al menos no tenían la hipocresía de llamarse cristianos o defensores de la
causa del pueblo.
La Conferencia Episcopal Argentina ha emitido un claro
mensaje al respecto (que invito a buscar en los medios y leer con atención). En ella
recuerdan la sabia advertencia ética de
San Juan Pablo II cuando expresó que "en el caso de una ley
intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca
es lícito someterse a ella". Por lo tanto es necesario decir
claramente que nadie, ni los simples ciudadanos, ni los profesionales de la
salud (médicos, enfermeros, etc.), ni la autoridades políticas o judiciales,
nadie debe aceptar este protocolo y mucho menos ejecutarlo, sin caer en el
delito agravado de homicidio.
Oremos
por nuestros gobernantes para que se arrepientan de su crimen y reparen
urgentemente sus nefastas consecuencias. Que protejan la vida y la defiendan.
Que procuren condiciones verdaderamente dignas para la vida y virtud de los
jóvenes y destierren la corrupción que los pervierte, en lugar de promover
mayores crímenes.
Roguemos
a Dios, por la sangre derramada de inocentes asesinados en el vientre de sus
madres, que tenga piedad de la Patria en la que se cometen tan aberrantes
crímenes.
viernes, 8 de mayo de 2015
La Gran Misionera
Cuando esta Patria nuestra comenzaba a tener una propia
existencia en el concierto de las naciones, Ella ya estaba entre nosotros y
nosotros nos vestimos de Ella desde que nacimos. Quiso quedarse cuando todavía no éramos, para
darnos el ser debido, el que no debemos olvidar y mucho menos renunciar.
Tal como nos lo refiere la documentación segura, a los
pies de la pequeña imagen de la Pura y Limpia Concepción del Luján (tal el
primer nombre que tuvo nuestra Virgencita gaucha), el recientemente nombrado
General Don Manuel Belgrano, pidiendo la protección de la Madre de Dios y
nuestra, le prometió vestir con sus colores al ejército que comandaría. Así lo
hizo y, con el tiempo, la insignia de aquel primer ejército patrio se convirtió
en la Bandera Nacional.
Para que la bandera fuera totalmente mariana y por lo
mismo cristiana, le faltaba en el seno una figura del Verbo eterno encarnado en
María. Y esto lo realizó, sin saberlo ni pretenderlo, el General Bartolomé Mitre.
Dicen que quiso distinguir nuestra bandera de los colores de la casa de Borbón,
o bien que tuvo alguna otra causa no tan clara, lo cierto es que le puso en el
medio un sol rampante. Y resulta que Cristo es el verdadero “sol de justicia” y
como la bandera fue tomada del manto de María de Luján, poner el sol en su
centro no hace sino representar, mejor aún, el Misterio escondido desde los
siglos y manifestado en el Hijo de Dios, hecho carne en las purísimas entrañas
de la que Él mismo se eligió y preparó para tal misión.
La Virgen Madre, en su título de Ntra. Sra. de Luján
es proclamada como Patrona de la República Argentina, la misma República que
juró su primera constitución de organización nacional, invocando el auxilio de
Dios, fuente de toda razón y justicia. Y juraron por Dios, ya que de nada vale
un juramento por uno mismo o las cosas inferiores, se jura por lo superior, por
eso los padres fundadores lo hicieron a la sombra del crucificado y bajo el
manto de María.
El amor de la Santísima Virgen, en Luján como en
tantos otros lugares de esta bendita tierra argentina, ha forjado un espíritu
de fe, sencilla y profunda, que nuestro pueblo manifiesta siempre y a pesar de
la prédica disolvente de tantos poderosos. La simiente que plantó María
santísima en nuestra tierra patria, es el mismo Hijo que de ella hemos recibido
por designio divino.
Desde Luján y desde tantos otros santuarios de su
presencia misionera, Ella nos dice lo que en Caná de Galilea, cuando la primera
manifestación del Mesías: “Hagan todo lo que Él les diga”. ¡Una sola frase! Y
¡qué profundidad! Buscamos fórmulas salvadoras de la Patria y Ella nos
responde: ¡argentinos, hagan todo lo que les manda mi Hijo!
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