lunes, 17 de noviembre de 2014

Hay buenos pibes

Hoy en día hay tanto pibe malo, que parece que ya no quedaran pibes buenos. Pero sí que los hay. ¡Hay pibes buenos! Y no son pibes raros, ¡son buenos, sencillamente buenos!. Tampoco es que sean perfectos, pero quieren serlo, tratan de serlo aunque se equivoquen. Y se equivocan, pero saben que se puede volver de cada error, porque todavía hay quienes les dan buen ejemplo. En general se trata de pibes a quienes alguien les puso a la vista que para ser bueno, no hay que empezar por ser perfectos, sino que hay que llegar a ser perfectos, paso a paso, volviendo de cada error y sabiendo que Dios te ve también cuando te portás mal, pero no te liquida, te ama, te ama siempre y te espera.

Dios les dice al corazón: “no te equivoques como los facilistas, Dios no te quiere malo, te quiere bueno, pero sabe esperarte”. Los que comprenden esta misericordia divina, se animan a ser buenos, a intentarlo cada vez. Y cuando ven los buenos ejemplos de los que lo lograron antes, se entusiasman aún más.

He visto el rostro impresionado y emocionado de muchos jóvenes ante un buen ejemplo de amor verdadero. Tal vez un amor que no han visto en sus propias familias, pero que de pronto descubren en un matrimonio que se ama de verdad, en alguien que generosamente se entrega a Dios con toda el alma. Lo ven en sus miradas, en sus gestos, y se emocionan, porque lo ven posible. ¡Cuánto bien hacen a los jóvenes, los viejos matrimonios que se aman bien a la vista de todos! ¡Cuánto bien contagian a los jóvenes, los consagrados que viven con alegría su entrega a Dios!

Tal vez alguno piensa que estoy exagerando, que no hay tanto bien en el mundo. Si miro los diarios, no se ve esto. Si camino las calles, no se ve esto. Si miro con la mirada de Dios, con la paciencia de Dios, con el amor crucificado, sí que se encuentra. Y esa es una mirada más cierta, más confiable.

Muchas veces damos a los jóvenes oportunidades que para nada les sirven. Les damos oportunidad para ser flojos, para pasarla bien sin esfuerzo. Les damos permiso para falsear el amor, llamando tal a lo que sólo es deseo egoísta. Lo hacemos en las bromas que festejamos, en los programas que vemos, en los modelos que ensalzamos.

Personalmente soy testigo del éxito que tiene el exigir la virtud, no por la fuerza de la violencia, sino por la fuerza del ejemplo, del testimonio, de las razones explicadas con caridad y paciencia. Invito a todos a buscar lo mejor de los jóvenes, con exigencia, con cariño no-cómplice, con perseverancia, con confianza en que eso es lo que quiere el Dios que todo lo puede.

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