Me refiero a la gente en general, sin excluir a nadie.
Sin dejar fuera ninguna categoría, incluyendo a los políticos y hasta los
mismos curas… En todas las categorías de personas, hay mucha gente buena.
Estoy convencido de esto, porque a diario lo veo y
porque, aunque no lo viera, resulta evidente por el mismo hecho de que este
mundo aún existe.
Imagínense que los malos fueran tantos y de tan
generalizada forma que lo dominaran todo, como nos lo muestran habitualmente
los medios y las charlas de café. Todo estaría en sus manos y, por lo mismo,
todo estaría destruido.
Si fueran tantos como dicen, por ejemplo, los
partidarios del aborto y de la eutanasia, ya nadie nacería vivo y no quedaría
ni un viejo. Es cierto que las tasas de natalidad han caído mucho en varias
regiones del mundo y que las prácticas eutanásicas se multiplican, casi en los
mismos lugares. Pero todavía son muchos los que nacen y los viejos que
sobreviven, porque hay mucha gente buena que ama la vida y la respeta.
Si fueran tantos, como te hacen creer, los que,
despreciando la naturaleza de la sexualidad humana, pasan la vida sometidos a
sus gustos y a la búsqueda de satisfacciones egoístas, de cualquier orden que
sea, ya no habría maternidades ni escuelas. Al egoísmo hedonista de la lujuria,
en cualquiera de sus formas, le molestan los hijos, aunque después anden
queriendo adoptarlos. Les parece que mostrándolo como algo generalizado, como
si fuera un derecho el hacer todo al revés del designio
del Creador, podrán convencerse y convencer a todos de que está bien lo que
hacen. No es verdad que sean tantos, no es verdad que tengan derecho a ser de
ese modo, y no es verdad, ni lo será jamás, que esté bien lo que hacen. Es
cierto que envenenan a la sociedad, pero no todos caen en sus redes. Incluso, a
diario los veo, muchos que llegan a caer, luego, asqueados de todo eso, que no
puede satisfacer jamás el ansia del corazón humano, vuelven, heridos pero
arrepentidos y dispuestos a vivir de otra manera y ser verdaderamente felices.
La gente no es tonta, como ellos nos hacen creer y son
muchos más los que tratan de vivir bien y transmitirlo a sus hijos y conocidos.
Es cierto que muchos tienen miedo a manifestar el bien que poseen y por el que
viven, porque piensan que son los “únicos raros” que quieren vivir conforme a la
naturaleza y en obediencia al Creador.
Gente buena: ¡anímense a mostrarse! ¡No les teman a
los corruptos, ellos no heredaran la vida!
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