sábado, 14 de junio de 2014

Hay mucha gente buena

Parece que no quedaran muchos buenos. Parece, a veces, que no quedara ni uno solo. Y no me refiero a los candidatos para lejanas elecciones, porque no es  tema para este año.

Me refiero a la gente en general, sin excluir a nadie. Sin dejar fuera ninguna categoría, incluyendo a los políticos y hasta los mismos curas… En todas las categorías de personas, hay mucha gente buena.

Estoy convencido de esto, porque a diario lo veo y porque, aunque no lo viera, resulta evidente por el mismo hecho de que este mundo aún existe.

Imagínense que los malos fueran tantos y de tan generalizada forma que lo dominaran todo, como nos lo muestran habitualmente los medios y las charlas de café. Todo estaría en sus manos y, por lo mismo, todo estaría destruido.

Si fueran tantos como dicen, por ejemplo, los partidarios del aborto y de la eutanasia, ya nadie nacería vivo y no quedaría ni un viejo. Es cierto que las tasas de natalidad han caído mucho en varias regiones del mundo y que las prácticas eutanásicas se multiplican, casi en los mismos lugares. Pero todavía son muchos los que nacen y los viejos que sobreviven, porque hay mucha gente buena que ama la vida y la respeta.

Si fueran tantos, como te hacen creer, los que, despreciando la naturaleza de la sexualidad humana, pasan la vida sometidos a sus gustos y a la búsqueda de satisfacciones egoístas, de cualquier orden que sea, ya no habría maternidades ni escuelas. Al egoísmo hedonista de la lujuria, en cualquiera de sus formas, le molestan los hijos, aunque después anden queriendo adoptarlos. Les parece que mostrándolo como algo generalizado, como si fuera un derecho el hacer todo al revés del designio del Creador, podrán convencerse y convencer a todos de que está bien lo que hacen. No es verdad que sean tantos, no es verdad que tengan derecho a ser de ese modo, y no es verdad, ni lo será jamás, que esté bien lo que hacen. Es cierto que envenenan a la sociedad, pero no todos caen en sus redes. Incluso, a diario los veo, muchos que llegan a caer, luego, asqueados de todo eso, que no puede satisfacer jamás el ansia del corazón humano, vuelven, heridos pero arrepentidos y dispuestos a vivir de otra manera y ser verdaderamente felices.

La gente no es tonta, como ellos nos hacen creer y son muchos más los que tratan de vivir bien y transmitirlo a sus hijos y conocidos. Es cierto que muchos tienen miedo a manifestar el bien que poseen y por el que viven, porque piensan que son los “únicos raros” que quieren vivir conforme a la naturaleza y en obediencia al Creador.

Gente buena: ¡anímense a mostrarse! ¡No les teman a los corruptos, ellos no heredaran la vida!

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