domingo, 14 de diciembre de 2014

¡Que se acabe el año!

Este es el más repetido deseo que se escucha pedir, por todos lados. Grandes y chicos, trabajadores y jubilados, todos (menos los vagos…, ya que a ellos no les importa ni el comienzo ni el fin de nada), todos esperan que se acabe el año, que se acabe el trabajo, el estudio, el trajín diario, las angustias de la política y la economía, etc.

Pero, ¿acaso con el fin de este año no vendrá, Dios mediante, el comienzo de otro nuevo? Sí, es lo más probable.

Algunos esperan las “fiestas”, así en general, la oportunidad de celebrar, de festejar, recibir regalos. No les importa si hay un Papá Noel o no. Ya son grandes y no se la creen, sólo esperan la fiesta y el regalo.

En los últimos años, se ha visto aumentar la oferta comercial de los “Pesebres”, junto a los arbolitos (los de las lucecitas de colores, y también los de moneda extranjera) y demás adornos navideños.

Creo que las múltiples campañas de información, han dejado menos ignorantes acerca del verdadero sentido de la Navidad. Son más los que han oído que la Navidad celebra el nacimiento de Jesús. Son menos los que ignoran que ese Jesús, al que suelen ver en la cruz, es el mismo Niño del pesebre.

La información se ha dado y ha llegado. No debemos dejar de anunciarlo, todavía más. No puede ser que lleguemos a la fiesta y muchos no sepan de qué se trata.

Es una fiesta para todos y todos deberíamos prepararnos muy bien para ella, ya que es una fiesta para nosotros. Dios se da a los hombres en la pequeñez de un niño envuelto en pañales. Todo Dios, el inmenso Dios que no puede ser abarcado por el universo entero. El creador se hace creatura, por amor a la creatura.

La noticia de la Navidad, la historia que celebraremos, los hechos pasados siempre presentes, nos aprovecharán tanto más, cuanto más los comprendamos. Como nos pasa con algún libro o película bien hechos, con profundo mensaje. Nos gusta releerlo, volver a ver la película, profundizar más en sus símbolos y en su mensaje. Así debemos tratar la Navidad.

Estamos en el tiempo previo, pero es muy cortito y pasa rápido, entre tanto cierre de año, de cosas, de preparativos, de otras noticias menos importantes, pero más llamativas.

Repasemos la Historia en casa, con los demás miembros de la familia. La tenemos en los evangelios, especialmente en la versión de San Lucas, que lo pone con más detalle.

Busquemos entender más y más el sentido del mensaje. Él ha venido ya y lo celebramos, pero va a volver y lo esperamos.

Se acaba un año y empezará otro, siempre, hasta que Él vuelva, entonces será el premio para quien haya entendido y vivido bien la Navidad.

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