A veces nos parece una tarea imposible. Intentamos
muchas veces no ser tan malos como otros, a quienes vemos haciendo el mal que
nos repugna. Nos parece que con eso basta. No hago eso tan malo que hacen
otros, por lo tanto soy bueno. Mentira, no es suficiente.
Pero, ¿es que acaso soy malo porque, a veces, me
equivoco? Si me equivoco y me doy cuenta, pero no lo reparo, sí que soy malo.
Mientras no me daba cuenta estaba eximido, pero cuando lo advertí y lo dejé así
nomás, me hice culpable. Así reza el refrán cristiano: “el que no sabe, no
peca”. Pero ojo, que el que no quiere saber, es culpable aún de su ignorancia.
Cualquiera puede ser bueno y totalmente bueno. Porque
somos libres para elegir el bien y porque tenemos quién nos ayude, hasta en lo
que pudiera resultarnos imposible.
Para alcanzar el bien, primero hay que decidir querer
el bien, solo el bien, siempre el bien y, además, querer hacerlo bien. Porque
cuando el bien no se hace bien, resulta un mal.
Esta decisión es interior, personalísima. debo buscar
en mi interior y ser totalmente veraz conmigo mismo. No puedo guardar una parte
de mal en mi elección del bien. Debo estar dispuesto a rechazar y renunciar
absolutamente todo lo malo, por pequeño que sea.
Algunos dicen que basta con obrar según la conciencia.
Pero no siempre han formado esa “conciencia” en la verdad. Su conciencia no es
recta, o no es verdadera, sólo es “su” conciencia, o la conciencia regida por
alguna ideología y no por la Verdad. Entonces, obrar según conciencia, de esa
manera, sería un grave error. Además sería un error que haría daño a muchos.
Y así pasa, con todos los extremismos, los de izquierda,
los de derecha y los que se disfrazan de religión y ortodoxia.
Se tiene por muy sabia y aún como un ícono de la
sabiduría, la frase atribuida a Sócrates: “sólo sé que nada sé”. La gran
sabiduría de esta frase, es la humildad que supone frente al misterio de la
Verdad. Por mucho que supiera, siempre estaría muy lejos de saberlo todo, de
tener la comprensión de la Verdad en su plenitud.
Para formar una conciencia recta y verdadera, que me
lleve al conocimiento del bien que debo procurar, e impida todo error, tengo
una herramienta maravillosa. Aquel que es la Verdad absoluta me ha invitado a
pedirle ayuda para alcanzarlo y, como Él mismo es el Bien absoluto, alcanzar así
la plenitud de bien. Todos estamos invitados a alcanzar así el Bien, pero
debemos tener la humildad de pedirlo.
Al que pida con fe, se le dará.
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