Cuando llueve, lo único que se puede hacer es… dejar
que llueva.
Hay otras lluvias que caen sobre los hombres y que no
responden a leyes naturales. Que producen daños mayores y más profundos. Que
podrían ser evitados por quienes tienen la autoridad.
Una de estas lluvias artificiales y malignas es el
narcotráfico. Como la lluvia, empezó despacito Parecía un problema solo de
algunos pocos. Pero el aguacero siguió y siguió. Hoy ya es un diluvio y parece
no tener fin.
Esta lluvia maldita arrasa con todo, porque el que se
deja mojar por ella, empieza a querer ahogarse en su cauce. Se quiebra toda
moral y cualquier cosa vale para conseguir entrar en su torrente. Empapados en
esta lluvia, trastornados por ella, los hombres se animan a todo lo que los
lleva a la destrucción de sí mismos y de los demás.
Es falso pensar que “sólo será un poquito”, que es “un
asunto privado, que cada uno es libre de tomarlo”. Nunca es “un poquito” jamás
se queda en lo privado, siempre daña a los demás. Nadie tiene “derecho” a
drogarse, de la misma manera que nadie tiene “derecho” a emborracharse, por
mucho que le guste. En estado de enajenación, cosa que produce el exceso de
alcohol y el simple consumo de drogas, el individuo se convierte en un peligro
social, y eso es lo que hace que no tenga derecho a hacerlo.
Escuché que el SEDRONAR está haciendo un buen trabajo,
ahora, en la atención de las víctimas. A las víctimas de las adicciones hay que
ayudarlas, hay que tratar de recuperarlas. Eso está bien. Pero enfrentar el
problema de la droga, sólo atendiendo a las víctimas, es muy estúpido. Cada vez
habrá más víctimas, porque se trata de una “guerra”. Un verdadero ejército
invasor está ocupando el territorio de la Patria. Sin otra ley que el conseguir
más y más dinero a como dé lugar, nos están destruyendo. La guerra no se
enfrenta con “enfermeros”. Eso lo hacen los derrotados, los que ya no quieren
combatir y sólo van a recuperar sus bajas. El narco tiene cómplices entre los
que gobiernan, entre los jueces y entre las fuerzas de seguridad. Pero aún es
posible reaccionar. Que nuestros dirigentes se tomen en serio este flagelo y
den la batalla que se debe dar, sin cobardías y sin complicidades. Ojalá
reaccionen, pues hasta ahora no lo han hecho. ¡Impulsemos la resistencia contra
el narco invasor!