El otro día fui testigo de una balacera insólita. Un
chiquillo huía de dos policías que lo seguían a pie, corriendo. Ignoro qué
habría hecho, lo que vi es a un adolescente huyendo de la autoridad policial.
Durante la persecución, el pibe comenzó a disparar con un arma de fuego sobre
los policías. Siguió la carrera y la persecución, y ya no vi más. Qué se le
cruzó por la cabeza a ese pibe para, primero, huir de la autoridad y luego,
encima, abrir fuego sobre ellos sin la menor dubitación.
¿Quién es el asesino que nos mata los policías, los
pibes del barrio, las mujeres en su casa, los espectadores en el fútbol, etc.
etc.? Tal vez usted me diga que debo preguntar en plural, que son muchos los
asesinos. Materialmente es cierto. De todos modos el asesino más peligroso, no
es el que dispara el arma o asesta la puñalada, porque ese no es más que la
herramienta de matar de otros asesinos, que son su causa.
Ojo, no estoy diciendo que el que dispara a matar no
sea culpable. No me sumo al coro estúpido de los que justifican la violencia de
unos por la violencia de otros, ni de los que ven culpas solo en las
estructuras injustas y se vuelven permisivos de todo egoísmo y corrupción. El
que las hace, que las pague. Que se arrepienta, sí, que Dios lo perdonará, pero
siempre que repare sus crímenes.
Si cargo todo el peso del problema en el asesino
material, sin ver a los que lo fueron formando para que llegara a lo que llegan
cada vez más personas, entonces nunca encontraré una solución.
Yo digo que el político que dice que hay que dejar que
los jóvenes se droguen cuanto quieran, es un asesino. Yo digo que el conductor
de TV que propone lo vicioso como si fuera un éxito a imitar, es un asesino. Yo
digo que los padres que no le ponen límites a los hijos, que les hacen creer
que todo se les debe y a nada están obligados, que los dejan navegar en la web
sin control, mal-vestirse y mal-hablar sin corregirlos y hasta festejándolos,
son asesinos. Yo digo que los responsables de la educación pública que no
permiten sanciones enérgicas, que no exigen que se aprenda de verdad en las
escuelas, son asesinos. Yo digo que todos los que tenemos autoridad, si no la
usamos para formar en la virtud, deberíamos ser condenados por asesinato. ¡El
freno se pisa desde arriba!