domingo, 26 de abril de 2015

¿Quién es el asesino?

Nadie duda que la violencia ha aumentado notablemente y no sólo en la criminalidad, sino también en los hogares, en las escuelas, en la calle, en el deporte, en todas partes. Nada queda afuera. Y en casi todas partes la violencia llega a producir, incluso, la muerte.

El otro día fui testigo de una balacera insólita. Un chiquillo huía de dos policías que lo seguían a pie, corriendo. Ignoro qué habría hecho, lo que vi es a un adolescente huyendo de la autoridad policial. Durante la persecución, el pibe comenzó a disparar con un arma de fuego sobre los policías. Siguió la carrera y la persecución, y ya no vi más. Qué se le cruzó por la cabeza a ese pibe para, primero, huir de la autoridad y luego, encima, abrir fuego sobre ellos sin la menor dubitación.

¿Quién es el asesino que nos mata los policías, los pibes del barrio, las mujeres en su casa, los espectadores en el fútbol, etc. etc.? Tal vez usted me diga que debo preguntar en plural, que son muchos los asesinos. Materialmente es cierto. De todos modos el asesino más peligroso, no es el que dispara el arma o asesta la puñalada, porque ese no es más que la herramienta de matar de otros asesinos, que son su causa.

Ojo, no estoy diciendo que el que dispara a matar no sea culpable. No me sumo al coro estúpido de los que justifican la violencia de unos por la violencia de otros, ni de los que ven culpas solo en las estructuras injustas y se vuelven permisivos de todo egoísmo y corrupción. El que las hace, que las pague. Que se arrepienta, sí, que Dios lo perdonará, pero siempre que repare sus crímenes.

Si cargo todo el peso del problema en el asesino material, sin ver a los que lo fueron formando para que llegara a lo que llegan cada vez más personas, entonces nunca encontraré una solución.

Yo digo que el político que dice que hay que dejar que los jóvenes se droguen cuanto quieran, es un asesino. Yo digo que el conductor de TV que propone lo vicioso como si fuera un éxito a imitar, es un asesino. Yo digo que los padres que no le ponen límites a los hijos, que les hacen creer que todo se les debe y a nada están obligados, que los dejan navegar en la web sin control, mal-vestirse y mal-hablar sin corregirlos y hasta festejándolos, son asesinos. Yo digo que los responsables de la educación pública que no permiten sanciones enérgicas, que no exigen que se aprenda de verdad en las escuelas, son asesinos. Yo digo que todos los que tenemos autoridad, si no la usamos para formar en la virtud, deberíamos ser condenados por asesinato. ¡El freno se pisa desde arriba!

viernes, 10 de abril de 2015

De cobardes a valientes

Podemos imaginar a un grupo de amigos, que llevan años juntos y que, en un momento dado, uno de ellos comienza a tener graves problemas. El grupo se conmociona mucho, pero en lugar de acompañar al amigo en desgracia, lo abandonan. Más aún dos de ellos lo traicionan. El amigo muere. Sus matadores declaran que harán lo mismo con todo aquel que se llame amigo del muerto. Imagínense ¿qué harían los que lo abandonaron cuando comenzó a sufrir y lo dejaron solo o lo negaron cuando fue a morir?...

Esto pasó con Jesús, pero los resultados de la historia resultaron bien distintos de lo que pudo pasar a este grupo imaginario de amigos desamorados.

Jesús se mostró “poderoso en obras y palabras”, es del único hombre del que se pudo decir, sin excepciones, que “pasó haciendo el bien”. Jesús prometió a sus seguidores el Reino eterno y feliz, que “nadie les podrá arrebatar”. Invitó a sus discípulos a seguirlo por su mismo camino, en la confianza de alcanzar con Él el triunfo prometido y para animarlos realizó portentosos milagros. “Jamás se dijo de alguien que le diera la vista a un ciego de nacimiento” y Él lo hizo. resucitó muertos, curó todo tipo de enfermedades y se mostró poderoso ante el demonio.

Habló, ciertamente, de que debía librar un combate, que sería entregado y sentenciado, y declaró que triunfaría al tercer día. Esto del combate los tenía perplejos. Tanto que no entendían de qué hablaba cuando decía de “resucitar de entre los muertos”.

Un día ocurrió lo tan temido. Llegó “la hora” anunciada. Fue herido el pastor y se dispersaron las ovejas. Todos los abandonaron, Judas la entregó y Pedro lo negó tres veces. Todos huyeron y se encerraron llenos de temor.

Unos días después y estando pendiente la orden de captura y muerte para sus seguidores, los cobardotes de la Pasión, comienzan a predicar de Él. Los que lo negaron mientras andaba en vida mortal, después de muerto y entregado, lo proclaman como al vencedor del pecado y de la muerte. Los que se achicaron durante el combate y se escondieron llenos de miedo ante la frustración del calvario, aparecen enfrentando a todos, sin temor alguno. Los que pensaron que no podía salvarse a sí mismo de la cruz, ahora están seguros de que los salvará a ellos de todo mal.

¿Qué pasó? Algunos dicen que no murió, sino que, aprovechando una distracción, se fugó. ¡Absurdo e increíble!. Otros, que de tanto que lo querían, los discípulos se imaginaron que había resucitado; es decir: más de 500 fantasiosos enfrentando la muerte, de un día para el otro y sin ninguna razón. ¡Increíble!

¡No! Sólo una cosa puede explicar que estos que fueron cobardes, se hayan vuelto tan valientes y, todos sin excepción, hayan dado su vida por este anuncio; esa cosa es que de verdad lo vieron y comprobaron que había resucitado de entre los muertos. ¡Vive y puede vivificarnos!.

miércoles, 1 de abril de 2015

Ejercicios para todos

Pienso que si le dieran a algún joven la posibilidad de ir gratis a un muy buen gimnasio, con resultados garantizados, no dejaría pasar la oportunidad. Pienso también que, hoy en día, no cualquier joven perseveraría mucho tiempo en ese buen gimnasio, solo porque fuera gratis. Lamentablemente a muchos jóvenes les han mentido tanto sobre la vida, que han llegado a creer que sólo vale lo que les sale fácil y sin esfuerzo.

Pero sacando a los perezosos sin arreglo que pudiera haber, lo de tener la posibilidad de entrenar el cuerpo de modo de lucir y sentirse bien, capaces de enfrentar los desafíos y salir victoriosos, por estar bien entrenados, resulta una oportunidad apetecible y aprovechable para la mayoría.

Si entrenar el cuerpo para tener una condición física capaz de cualquier meta, resulta atractivo y mucho más si se ofreciera con cierta facilidad de acceso, cuánto más debiera ser la posibilidad de entrenar el espíritu para hacerlo capaz de cualquier reto, por duro que fuera y con resultados exitosos garantizados.

Claro que, por más que me den acceso gratuito al gimnasio, eso no me exime del esfuerzo del entrenamiento, tanto como de la necesidad de constancia en ese esfuerzo. Ir al gimnasio no es lo mismo que hacer ejercicios, sólo estar allí no es lo mismo que entrenar.

Pero vayamos a lo de entrenar el espíritu. ¿Para qué me haría falta? Si mi condición espiritual tiene capacidad de pensar y querer (inteligencia y voluntad, las dos potencias del espíritu humano), así sea que las entrene  o que no lo haga, ¿para qué esforzarme en ejercicios espirituales? De la misma manera podría decirse que si uno fuera o no a un gimnasio igual tendría una masa muscular, aunque fuera fofa y enfermiza.

Si yo no quiero tener un cuerpo fofo y enfermizo, tampoco debería contentarme con un espíritu sólo capaz de entender y amar, pero sin rumbo ni eficacia.

El que lee mucho y medita poco, no sabe nada. El que se va detrás de cualquier deseo, jamás llegará a amar en serio.

Hacen falta los ejercicios espirituales y esta semana son gratis y se pueden hacer muy cerca de casa. Basta con acompañar los actos de la Semana Santa, seguir a Jesús por su camino de dolor, muerte y triunfo. Pero hacerlo en orden, sin adelantarse, paso a paso, profundizando, aprendiendo a amar de Aquel que es el Amor mismo. Conocemos la historia y podemos repasarla en los Evangelios, sólo hay que revivirla paso por paso, una y otra vez. Sufrir con Cristo sufriente, padecer con Cristo paciente, para triunfar con Cristo vencedor del pecado y de la muerte. Acercarme al Maestro, mirarlo en la cruz con insistencia, dejarme llevar de su amor sangrante, dejarme amar, enamorarme y comenzar a amar como soy amado por Él.

Animémonos a hacer los ejercicios espirituales de esta Semana Santa, sin dejar pasar la oportunidad, y ¡feliz Pascua de Resurrección, para todos!