Muchas veces se oye hablar de este tema, tanto a
personas que entienden en el asunto, como a cualquiera que habla desde el dolor
sufrido o sólo porque tiene boca…
¿Por qué un chico, sólo por ser menor de 18 o 14 años,
no debe ser hecho responsable de sus crímenes? Visto así no más, habría que
decir que todo el que superó la infancia debe ser responsable de sus actos y si
ha cometido delito, debe pagar por ello.
Pero en esto hay matices que no deben ser soslayados.
No se puede pretender que sepan de la misma manera y, por lo tanto, que sean
igualmente responsables de sus actos, los que tiene 7 años, los de 14 o los de
18. Esto es claro para cualquiera. La responsabilidad sobre los actos está en
directa relación con la capacidad de comprensión que uno tiene de los hechos y
sus consecuencias.
Lo mismo podríamos decir de los que son incapaces por
razones psicológicas.
En todos estos casos, se prevé el instituto jurídico
de la tutela. En el caso de los menores, los primeros tutores son papá y mamá,
o alguno de los dos si falta el otro. Cuando faltan o fallan los dos, el Estado, por
medio del Juez a quien corresponda, nombra un tutor, para que cuide del menor o
del incapaz.
Por razón del derecho natural, el caso de los padres,
o del derecho civil, el caso de los tutores judiciales, estos (padres o
tutores) se hacen responsables del menor o incapaz y, por lo tanto, de todas
sus acciones y las consecuencias que de ellas se sigan.
Es decir que no existe persona humana que pueda
decirse absolutamente impune o inimputable de sus actos. Unos son responsables
por sí mismos, los mayores de edad, en tanto capaces. Otros lo son por medio de
sus tutores (padres o responsables asignados por el Estado).
Pero resulta que un menor comete un delito y, por ser
menor, se lo declara inimputable y ¡ya está! ¡Nadie paga nada!!!!
Nadie le cobra la responsabilidad a quienes debían
cuidar de él, a quienes debían ser responsables por él.
Allí está el error y la gran hipocresía de nuestro
sistema social. Los menores delinquen y los mayores desertan de su
responsabilidad, mientras el Estado actúa como un imbécil (= alguien incapaz de asumir su rol) sin hacer nada, ni corregir a
nadie.
Para peor, cuando la cosa es grave, los que debían
hacerse responsables, hunden al menor en el submundo de los “servicios de
contención y reforma de menores judicializados” que, todos lo sabemos y los
jueces más, no contienen ni corrigen a nadie. Más aún, son verdaderas escuelas
de mayores delincuencias.
La verdadera impunidad que nos sumerge en la
inseguridad creciente, es la falta de responsabilidad de quienes deben ejercer
la autoridad.
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