viernes, 10 de octubre de 2014

El amor y la vida

No se puede pensar la existencia, sin estos dos valores fundamentales. Es como si cada uno fuera causa y efecto del otro.

No se llega a la vida, sino por amor. Y sin amor no es posible una vida verdadera.

La falta de amor es lo único que pone en peligro la vida. Cuando el amor está asegurado, la vida siempre encuentra refugio.

Creo que se debe negar todo debate a favor de la muerte, como así también debe ser prohibido todo diálogo que excluya el amor. Si por defender la vida, mato el amor, los mato a los dos.

En cuanto al derecho fundamental a la vida, tanto del inocente no nacido, como del hombre en cualquier circunstancia de su vida natural, el amor no se debe permitir ninguna blandura en su defensa. El amor nunca será causa verdadera de un homicidio, esto es, de la muerte de un inocente. No hay amor verdadero entre los motivos que se esgrimen a favor del crimen del aborto, o de las agresiones injustificadas de las guerras.

Alguien se levanta y dice que es por amor a una, que se elige contra la vida de otro; que es por amor a la libertad, que se da licencia para matar al inocente concebido y aún no nacido. Que es por amor de misericordia que se acorta la vida de un enfermo. Pamplinas. Es solo el amor desordenado del propio bien aparente, el que mueve estas decisiones y supuestos derechos, y es algo que se llama egoísmo, nunca amor. ¡Qué paradoja que los que promueven la impunidad del aborto, son justamente los que se salvaron de ser abortados!

Así también, la justa defensa, nunca ha de ser confundida con la maquiavélica estrategia, por el dinero o el poder, que mueve las guerras actuales; ni con los fundamentalismos terroristas que le dan entretención a los locos desalmados, de todas las calañas.

El amor llama a la vida y la protege. La vida requiere del amor, más que del aire para respirar.

No dejemos que nos roben el amor, ni que ha nadie se le niegue el derecho a la vida. Pero hagamos que estos valores sean sostenidos, al modo en que lo hace su Creador. Es de Dios toda vida y el mismo Dios es el Amor.

Él defendió la vida y probó el amor más grande, con la ofrenda de su propia vida en la cruz.

Debemos promover la cultura de la vida, para vencer a la cultura de la muerte; pero hemos de hacerlo desde la perspectiva que nos brinda aquel que es la Vida y el Amor. No hagamos “teatro” de la defensa de los valores fundamentales, más bien tengamos el compromiso positivo de alentar el bien en todas las cosas. Sólo el bien, bien hecho, vence al mal.

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