sábado, 27 de septiembre de 2014

Balance Positivo

Pasaron los festejos de la llegada de la Primavera, los festejos del día del estudiante, y el balance de la prensa, en general, muestra un signo “positivo”.

¿Qué cosa funda este balance “positivo”? Según los artículos que he leído, se fundan sobre todo en que no hubieron disturbios sobresalientes. Es decir que los disturbios que hubo no fueron “tan” grandes. Por otro lado se cita que hubo muy pocos procedimientos por la incautación de alcohol y droga. Es decir que hubo poca constatación del consumo de alcohol y droga entre los jóvenes, durante los festejos.

¿Quiere decir que no hubo disturbios, que no hubo consumo de alcohol entre menores de edad, que no hubo consumo de estupefacientes entre los jóvenes festejantes? No, nada de eso, sólo significa que lo disimularon mejor este año.

Hubo disturbios, porque se emborracharon, pero estaban suficientemente aislados como para no generar conflictos notables. Hubo consumo incontrolado de estupefacientes, pero los efectos se conocerán en las estadísticas de la próxima generación, así que no hay nada que lamentar por ahora.

¡Sociedad hipócrita y gravemente culpable! A todo nos vamos acostumbrando y disculpamos todo desorden, siempre y cuando se disimule mejor. ¡Qué asco!

Muchos de nuestros jóvenes pusieron el mayor empeño en lograr conseguir promiscuidad sexual, alcohol sin control y droga a discreción, pero sin hacer olas, y con eso nos quedamos tranquilos.

Una sociedad como esta merece su destrucción… y lo va logrando.

¿Cómo es posible que los padres, que dicen amar a sus hijos, los dejen pervertirse sin ningún escrúpulo? ¿Qué clase de monstruos son? Hay unas arañas que engendran a sus crías en su interior, en gran número. Esas crías, a medida que se desarrollan, se van comiendo a la madre por dentro, hasta matarla y recién entonces salen a luz. Así salen a la luz muchos jóvenes de hoy, pero no son arácnidos, son hijos de criminales egoístas, que no los cuidan como enseña el verdadero amor.

En estos días algunos grupos de jóvenes, católicos y de otras confesiones, e incluso sin definición religiosa, organizaron campamentos y festejos “limpios”. Es decir , eventos en los que se divirtieron sin dañar, ni dañarse. Fueron unos pocos, pero probaron que es posible vivir bien y ser jóvenes alegres y normales. Tuvieron a su favor a personas mayores que los ayudaron a ser buenos y felices. Dichosos ellos, ya que crecerán bien y serán capaces, el día de mañana, de hacerse cargo de este mundo. Ya que los corruptos no sabrán ni podrán hacerlo, porque la promiscuidad en la que viven, los está atontando o matando.

Estos pocos buenos jóvenes, son la prueba de que todos los demás también podrían serlo si les diéramos la oportunidad. Y estamos a tiempo de hacerlo aún. ¿Qué tal si cada uno empieza a hacer lo que puede?

viernes, 19 de septiembre de 2014

Divino Tesoro

Una antigua frase, rezaba así: “juventud, divino tesoro”.

Si hoy miramos por las acequias de las calles aledañas a los boliches, las madrugadas de los viernes, sábados y domingos (en cualquier pueblo o ciudad), y vemos a los jóvenes tirados allí, traspasados de droga y alcohol, tenemos la tentación de cambiar aquel antiguo refrán por otro que dijera: “juventud, diabólico desperdicio”.

Por otro lado, cuando llegan noticias de actos verdaderamente criminales como, entre otras, la llamada reforma educativa de Buenos Aires, que empuja aún más a los jóvenes a ser ignorantes y vagos, podemos entender que no es la juventud el fracaso o el desperdicio, sino los pseudo-pedagogos que manejan, desde hace años, la educación de los argentinos por un camino de desastre, bien pensado y desarrollado por sus ideologías, que los convierte en verdaderos criminales de lesa Patria.

¿La escuela es un lugar para aprender, o sólo un comedero y un aguantadero de vagos (escuela inclusiva, le llaman)?

Los jóvenes son fuertes, por naturaleza, pero sin educación jamás sabrán qué hacer con esa fuerza que tienen. Si no se les da oportunidad del bien, por medio de la exigencia de la virtud, por el esfuerzo del estudio serio, por la cultura del trabajo digno, se perderán y con ellos, la sociedad toda se corromperá aún más, que no es poco.

Los jóvenes son las víctimas de las drogas, porque ellos no tienen capacidad, aún, de ser sus productores, sus comercializadores, ni los poderosos cómplices de los narcotraficantes.

Los jóvenes son víctimas de padres que no les exigen, que cobardemente desertan de sus obligaciones de autoridad educativa. Siendo abandonados por sus propios padres, ¿dónde buscarán refugio? No me refiero sólo a los que sufren abandono material, sino también a aquellos que son abandonados de hecho, colmados de bienes por los que jamás se esforzaron, con tal que no les molesten la comodidad a sus padres desertores y egoístas.

Nos son jóvenes los que producen porquerías en la tele o en internet, por lo menos no depende de ellos lograrlo.

Sin embargo, con cada chico que crece, aún en medio de este mundo tan hostil, crece el divino tesoro de la juventud, que Dios no deja de enviarnos.

Somos responsables de encauzar el tesoro de la ”primavera” de las flores, hacia el tesoro aún mayor del “verano” de los frutos.

No miremos para otro lado. Cada cual mire a su alrededor y apoye, con todo lo que tenga, cada cosa, por pequeña que parezca, que eduque bien a los jóvenes. Pero no lo apoye de boca para afuera, sino con actos concretos, con acciones, con dineros, con compromiso. Salvemos la semilla del mañana, cuidando a los jóvenes, mediante una sostenida exigencia de la virtud. Responderán, como siempre lo han hecho y cambiarán el mundo. No será rápido, pero será seguro.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Podemos pedir y ser buenos

¿Qué hace falta para que un hombre, varón o mujer, sea bueno, pero bueno en serio, en todos los aspectos de su vida?

A veces nos parece una tarea imposible. Intentamos muchas veces no ser tan malos como otros, a quienes vemos haciendo el mal que nos repugna. Nos parece que con eso basta. No hago eso tan malo que hacen otros, por lo tanto soy bueno. Mentira, no es suficiente.

Pero, ¿es que acaso soy malo porque, a veces, me equivoco? Si me equivoco y me doy cuenta, pero no lo reparo, sí que soy malo. Mientras no me daba cuenta estaba eximido, pero cuando lo advertí y lo dejé así nomás, me hice culpable. Así reza el refrán cristiano: “el que no sabe, no peca”. Pero ojo, que el que no quiere saber, es culpable aún de su ignorancia.

Cualquiera puede ser bueno y totalmente bueno. Porque somos libres para elegir el bien y porque tenemos quién nos ayude, hasta en lo que pudiera resultarnos imposible.

Para alcanzar el bien, primero hay que decidir querer el bien, solo el bien, siempre el bien y, además, querer hacerlo bien. Porque cuando el bien no se hace bien, resulta un mal.

Esta decisión es interior, personalísima. debo buscar en mi interior y ser totalmente veraz conmigo mismo. No puedo guardar una parte de mal en mi elección del bien. Debo estar dispuesto a rechazar y renunciar absolutamente todo lo malo, por pequeño que sea.

Algunos dicen que basta con obrar según la conciencia. Pero no siempre han formado esa “conciencia” en la verdad. Su conciencia no es recta, o no es verdadera, sólo es “su” conciencia, o la conciencia regida por alguna ideología y no por la Verdad. Entonces, obrar según conciencia, de esa manera, sería un grave error. Además sería un error que haría daño a muchos.

Y así pasa, con todos los extremismos, los de izquierda, los de derecha y los que se disfrazan de religión y ortodoxia.

Se tiene por muy sabia y aún como un ícono de la sabiduría, la frase atribuida a Sócrates: “sólo sé que nada sé”. La gran sabiduría de esta frase, es la humildad que supone frente al misterio de la Verdad. Por mucho que supiera, siempre estaría muy lejos de saberlo todo, de tener la comprensión de la Verdad en su plenitud.

Para formar una conciencia recta y verdadera, que me lleve al conocimiento del bien que debo procurar, e impida todo error, tengo una herramienta maravillosa. Aquel que es la Verdad absoluta me ha invitado a pedirle ayuda para alcanzarlo y, como Él mismo es el Bien absoluto, alcanzar así la plenitud de bien. Todos estamos invitados a alcanzar así el Bien, pero debemos tener la humildad de pedirlo.

Al que pida con fe, se le dará.