sábado, 10 de mayo de 2014

Estar contentos

¿Será posible estar contentos con tantos problemas, que a diario nos golpean? ¿Habiendo tantas cosas importantes que no llegamos a resolver? ¿Faltándonos tantas cosas buenas que no podemos comprar?

¿Será que para estar contentos hay que vencer obstáculos, resolver cosas o conseguir bienes?

De todo esto charlaban dos bichos, junto a una pequeña laguna, según cuenta en una de sus “Fábulas Camperas”, el P. Leonardo Castellani. En su charla, los bichos de la fábula, se negaban a aceptar la posibilidad de estar contentos por todos esos motivos por los cuales, cualquiera de nosotros, diría lo mismo. Vivimos en una constante insatisfacción que nos hace ver, siempre más lo que nos falta que lo que tenemos. Particularmente los argentinos, dueños de un país maravilloso y dotado de todas las riquezas que el mundo conoce, andamos siempre quejándonos. Aún cuando todo nos va bien y nos preguntan por cómo estamos, en lugar de decir simplemente “bien”, solemos decir “y… no me puedo quejar”. Si miráramos la forma en que viven en otros lugares de la tierra, habría que decir más bien: “no me debo quejar”, tengo mucho que agradecer. Pero por ahí se ha formado la idea de que merecemos mucho más de lo que tenemos y sin hacer nada por ganarlo.

Volviendo a la fábula y a lo que charlaban los bichos junto a la laguna, resulta que un suruví los estaba escuchando desde dentro del charco. Asomó la cabeza el pez y les retrucó la conversación diciendo: “ustedes no saben qué es estar contento”. Que se explique, le pidieron los bichos y el pez se explicó. “Yo, dijo con nostalgia, soy un pez de río y no de pantano; ocurrió que una crecida abrió este brazo en el río y sin darme cuenta me mandé por él. Detrás de mí se acabó la creciente y me quedé encerrado aquí. Al principio, con gran desesperación, tratando de encontrar una salida para volver al río. Luego, fui viendo que el charco no era tan pequeño, que había mucho para comer y que siempre estaba la posibilidad de una nueva crecida que me abriera el paso al amado río. Así fue que me quedé “contenido” en los límites que tenía y lleno de esperanza por los que podría alcanzar”. Eso es estar contento, estar contenido en los propios límites. No andar quejosos por lo que no se tiene, sino satisfecho con lo que hay, sin dejar de esperar lo que pueda llegar a ser mejor.

Contenido, no es lo mismo que resignado. Contento está el que aprovecha bien lo que tiene y, al mismo tiempo, no renuncia a la posibilidad de tener algo mejor. Como está contenido en lo que tiene, ya está contento; si viene algo más, se alegrará, pero si no viene, nada le faltará, ¡porque ya está contento!

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