¿Será que para estar contentos hay que vencer
obstáculos, resolver cosas o conseguir bienes?
De todo esto charlaban dos bichos, junto a una pequeña
laguna, según cuenta en una de sus “Fábulas Camperas”, el P. Leonardo
Castellani. En su charla, los bichos de la fábula, se negaban a aceptar la
posibilidad de estar contentos por todos esos motivos por los cuales,
cualquiera de nosotros, diría lo mismo. Vivimos en una constante insatisfacción
que nos hace ver, siempre más lo que nos falta que lo que tenemos.
Particularmente los argentinos, dueños de un país maravilloso y dotado de todas
las riquezas que el mundo conoce, andamos siempre quejándonos. Aún cuando todo
nos va bien y nos preguntan por cómo estamos, en lugar de decir simplemente
“bien”, solemos decir “y… no me puedo quejar”. Si miráramos la forma en que
viven en otros lugares de la tierra, habría que decir más bien: “no me debo
quejar”, tengo mucho que agradecer. Pero por ahí se ha formado la idea de que
merecemos mucho más de lo que tenemos y sin hacer nada por ganarlo.
Volviendo a la fábula y a lo que charlaban los bichos
junto a la laguna, resulta que un suruví los estaba escuchando desde dentro del
charco. Asomó la cabeza el pez y les retrucó la conversación diciendo: “ustedes
no saben qué es estar contento”. Que se explique, le pidieron los bichos y el
pez se explicó. “Yo, dijo con nostalgia, soy un pez de río y no de pantano;
ocurrió que una crecida abrió este brazo en el río y sin darme cuenta me mandé
por él. Detrás de mí se acabó la creciente y me quedé encerrado aquí. Al
principio, con gran desesperación, tratando de encontrar una salida para volver
al río. Luego, fui viendo que el charco no era tan pequeño, que había mucho
para comer y que siempre estaba la posibilidad de una nueva crecida que me
abriera el paso al amado río. Así fue que me quedé “contenido” en los límites
que tenía y lleno de esperanza por los que podría alcanzar”. Eso es estar
contento, estar contenido en los propios límites. No andar quejosos por lo que
no se tiene, sino satisfecho con lo que hay, sin dejar de esperar lo que pueda
llegar a ser mejor.
Contenido, no es lo mismo que resignado. Contento está
el que aprovecha bien lo que tiene y, al mismo tiempo, no renuncia a la
posibilidad de tener algo mejor. Como está contenido en lo que tiene, ya está
contento; si viene algo más, se alegrará, pero si no viene, nada le faltará, ¡porque
ya está contento!
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