sábado, 31 de mayo de 2014

Se fue, pero volverá

Por espacio de cuarenta días, Jesús, el que fue verdaderamente muerto en la cruz, se mostró verdaderamente resucitado a los testigos que él se había elegido de ante mano, unos quinientos, según refiere San Pablo. Les mostró la verdad del milagro que lo señalaba, clara y gozosamente, como el verdadero Dios, dueño de la Vida. Caminó con ellos, comió, se dejó tocar, les dio instrucciones, poder para perdonar los pecados, confirmó el Primado de Pedro y un día, ante su asombro, se lo vio elevarse y desaparecer de su vista.

Esperen orando, les dijo, la venida del Espíritu Santo que les dará la fuerza, y luego salgan, salgan, no se queden quietos. Vayan por todo el mundo, anuncien este misterio a todos los hombres, hasta que yo vuelva.

Se quedaron pasmados, mirando al cielo. No podían creerlo, se les había ido. Tan atónitos estaban que tuvieron que aparecer unos ángeles para despertarlos. ¿Qué hacen ahí papando moscas?, les dijeron; este al que han visto partir, volverá, ¡vayan a cumplir su misión!

Ante tamaño desafío, los discípulos se pusieron a orar y pasaron diez días haciéndolo, reunidos en torno a María la Madre, tal como ellos mismos nos lo han contado. Al décimo día llegó la promesa. Quedaron todos llenos de un fuego tan arrebatador, que se les notaba sobre las cabezas.

Desde entonces la Iglesia no paró ni parará más. El mensaje debe ser proclamado, el Señor debe ser anunciado, hasta su vuelta en gloria y majestad.

Este es el tiempo de la Misericordia, pero llegará el tiempo del Juicio. Hay que aprovechar la Misericordia, hay que cumplir la misión, hay que hacerlo con apuro, ya que no sabemos ni el día, ni la hora, pero si sabemos que volverá y pedirá cuentas.

Además, si no nos toca estar para el día en que Él vuelva, será porque nos tocó morir antes, es decir, encontrarnos antes con Él. Así que a no remolonear, a no andar perdiendo el tiempo en cosas que se pasan, que se acaban, en falsos consuelos que no duran para siempre.

Es increíble que, sabiendo esto, haya cristianos que pasan la vida tan tranquilos, sin misionar, ocupados en su pequeñeces, perdiendo la vida como si no se les fuera a acabar… Lamentablemente los hay y los ha habido siempre. Los enemigos de la Iglesia y de su prédica de salvación, encuentran en estos pusilánimes, pasto para rumiar sus odios.

Pero si hay perezosos, también hay santos. Siempre ha habido y habrá cristianos con agallas, dispuestos a dar la vida, cotidianamente, cruenta e incruentamente. Estos son los que cuentan, los otros pasarán como la niebla. los santos cambian el mundo y todos estamos llamados a serlo. Ya viene el Señor, que cada uno lo espere, encendida la lámpara de la fe (y no confundir con velas, eh!).

sábado, 24 de mayo de 2014

Patria maltratada

¡Gloria a los héroes fundadores de la Patria! A los que por la causa común perdieron hasta la vida, con honestidad y valentía. A los que depusieron sus propios intereses por el beneficio de la Nación. A los nobles herederos de la nobleza antigua recibida de la España fundadora y luego traidora de sus mismos ideales originales. Los que supieron construir, con la argamasa de su propia sangre, la gloriosa Nación que heredamos. Debemos honra a aquellos que nos dieron a luz como Nación, autónoma primero e independiente después. Tenemos que recordar y valorar el esfuerzo sobrehumano, de los que supieron contagiar estos nobles ideales a los demás pueblos de la América del Sur.

La Patria nació con una unidad de destino que trascendía sus propias fronteras, el ideal que conjugaba el bien de los pueblos que la formaban, uniendo en una única empresa la defensa de la fe y del legítimo patrimonio material.

¡Qué lejos estamos de aquellos héroes!

Hoy, lo que no se arregla a un tanto por ciento de coimisión, no se hace.

¿Algún partido político ha entregado, alguna vez, a la justicia a un corrupto de entre sus filas? Ninguno, jamás. Y ¿de dónde salen los que roban el erario público? ¿Acaso vienen de otro planeta?. ¿Tal vez son extranjeros infiltrados en el tesoro nacional?

Y ¿con qué gente se forman los gobiernos? ¿Acaso los importamos de otros pueblos?

¿Quiénes son pues los corruptos? ¡Nosotros!. Los herederos de una gloria que hemos dilapidado y ensuciado con nuestra indolencia o con nuestra complicidad.

Somos nosotros, yo, usted, todos y cada uno. Nos hacemos culpables siempre que toleramos a los corruptos, a los deshonestos, a los asesinos de guante blanco, a los criminales de la droga y del libertinaje moral, a los que roban mucho y a los que roban poquito. A los “vivos” que compran barato lo que otros roban. A los que prefieren vivir de arriba, como sea, antes que trabajar honestamente.

Pero no vaya a pensar que yo creo que está todo mal en la Argentina. Ni por lejos.

Todos los días veo jóvenes que no se conforman con que las cosas estén mal y se ponen a hacer el bien, de muchas y muy variadas formas, cristianos y de otros credos. Uno sólo de estos jóvenes vale más que un millón de los corruptos que parecen manejar los hijos de la sociedad. También al principio de la Patria fueron un puñado los valientes que se levantaron y pusieron las cosas en orden.

Nos hemos dejado caer, ya es hora que comencemos a levantarnos. Todavía podemos construir el ideal de nuestros fundadores. Si no lo procuramos, no mereceremos tener Patria.

María Santísima del Luján, cuyos colores viste la Patria, ¡ayúdanos a salvarla!

sábado, 10 de mayo de 2014

Estar contentos

¿Será posible estar contentos con tantos problemas, que a diario nos golpean? ¿Habiendo tantas cosas importantes que no llegamos a resolver? ¿Faltándonos tantas cosas buenas que no podemos comprar?

¿Será que para estar contentos hay que vencer obstáculos, resolver cosas o conseguir bienes?

De todo esto charlaban dos bichos, junto a una pequeña laguna, según cuenta en una de sus “Fábulas Camperas”, el P. Leonardo Castellani. En su charla, los bichos de la fábula, se negaban a aceptar la posibilidad de estar contentos por todos esos motivos por los cuales, cualquiera de nosotros, diría lo mismo. Vivimos en una constante insatisfacción que nos hace ver, siempre más lo que nos falta que lo que tenemos. Particularmente los argentinos, dueños de un país maravilloso y dotado de todas las riquezas que el mundo conoce, andamos siempre quejándonos. Aún cuando todo nos va bien y nos preguntan por cómo estamos, en lugar de decir simplemente “bien”, solemos decir “y… no me puedo quejar”. Si miráramos la forma en que viven en otros lugares de la tierra, habría que decir más bien: “no me debo quejar”, tengo mucho que agradecer. Pero por ahí se ha formado la idea de que merecemos mucho más de lo que tenemos y sin hacer nada por ganarlo.

Volviendo a la fábula y a lo que charlaban los bichos junto a la laguna, resulta que un suruví los estaba escuchando desde dentro del charco. Asomó la cabeza el pez y les retrucó la conversación diciendo: “ustedes no saben qué es estar contento”. Que se explique, le pidieron los bichos y el pez se explicó. “Yo, dijo con nostalgia, soy un pez de río y no de pantano; ocurrió que una crecida abrió este brazo en el río y sin darme cuenta me mandé por él. Detrás de mí se acabó la creciente y me quedé encerrado aquí. Al principio, con gran desesperación, tratando de encontrar una salida para volver al río. Luego, fui viendo que el charco no era tan pequeño, que había mucho para comer y que siempre estaba la posibilidad de una nueva crecida que me abriera el paso al amado río. Así fue que me quedé “contenido” en los límites que tenía y lleno de esperanza por los que podría alcanzar”. Eso es estar contento, estar contenido en los propios límites. No andar quejosos por lo que no se tiene, sino satisfecho con lo que hay, sin dejar de esperar lo que pueda llegar a ser mejor.

Contenido, no es lo mismo que resignado. Contento está el que aprovecha bien lo que tiene y, al mismo tiempo, no renuncia a la posibilidad de tener algo mejor. Como está contenido en lo que tiene, ya está contento; si viene algo más, se alegrará, pero si no viene, nada le faltará, ¡porque ya está contento!