sábado, 27 de junio de 2015

Permitido asesinar legalmente

Pocas horas antes de las elecciones provinciales pasadas, nos llegaba la noticia de la promulgación de un “protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo”. Una verdadera atrocidad, digna del más absoluto rechazo por parte de toda persona que se respete y respete la vida.

La expresión “interrupción del embarazo” es un eufemismo hipócrita, por el que se trata de disimular en qué consiste esta acción del aborto provocado: el homicidio más vil y miserable, el asesinato de un varón o una mujer, aún no ha nacido, pero ya existente y que debe ser protegido.

Agregarle a esta hipócrita condena a muerte la palabra “legal”, es establecer el derecho y hasta la obligación, según este mismo adefesio pretendidamente legal, de dictar oficialmente la pena de muerte de los inocentes por nacer, sin juicio ni defensa.

Que se pretenda que existen “personas con derechoa asesinar a seres humanos nonatos, por el motivo que sea, es una monstruosidad digna del nazismo o de las peores prácticas del paganismo precristiano.

Que este engendro de injusticia y malignidad esté rubricado por las más altas autoridades, que para vergüenza suya se declaran cristianos, convierte a sus autores en criminales de lesa humanidad. Hay que recordarles que, a menos que se arrepientan y reparen, no podrán escapar de la justa ira de Dios, que protege a los débiles y aplasta a los soberbios.

El perverso “protocolo” pretende imponerse sobre las conciencias personales e institucionales, prohibiendo de hecho la objeción de conciencia, actitud comparable a las criminales órdenes de Nerón o de Hittler, que al menos no tenían la hipocresía de llamarse cristianos o defensores de la causa del pueblo.

La Conferencia Episcopal Argentina ha emitido un claro mensaje al respecto (que invito a buscar en los medios y leer con atención). En ella recuerdan la sabia advertencia ética de San Juan Pablo II cuando expresó que "en el caso de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella". Por lo tanto es necesario decir claramente que nadie, ni los simples ciudadanos, ni los profesionales de la salud (médicos, enfermeros, etc.), ni la autoridades políticas o judiciales, nadie debe aceptar este protocolo y mucho menos ejecutarlo, sin caer en el delito agravado de homicidio.

Oremos por nuestros gobernantes para que se arrepientan de su crimen y reparen urgentemente sus nefastas consecuencias. Que protejan la vida y la defiendan. Que procuren condiciones verdaderamente dignas para la vida y virtud de los jóvenes y destierren la corrupción que los pervierte, en lugar de promover mayores crímenes.

Roguemos a Dios, por la sangre derramada de inocentes asesinados en el vientre de sus madres, que tenga piedad de la Patria en la que se cometen tan aberrantes crímenes.