lunes, 7 de julio de 2014

Tomar vida de los muertos

Se ha dicho que los muertos recién mueren, cuando los vivos dejamos de recordarlos. Esta expresión debe ser aplicada al recuerdo arquetípico de los muertos. No es porque ellos requieran de nuestro recuerdo para su existencia más allá de la muerte física, sino porque nosotros necesitamos de su recuerdo para vivir mejor nuestras vidas. Por eso no podemos “matarlos” con nuestro olvido, ya que sería, para nosotros, como un suicidio.

Con la expresión “arquetipo”, entendemos “modelo”, pero mucho más que simplemente un buen ejemplo. Los arquetipos son los modelos mayores, los que resultan modelo para todos, incluso para aquellos que no tienen sus mismas circunstancias de vida. Y esto es porque en los arquetipos vemos el ejemplo de lo esencial bien vivido. Por eso se lo podemos aplicar a cualquier individuo.

Hace unos días murió un policía. No murió en acto heroico de servicio, enfrentándose a desalmados criminales o emboscado por delincuentes. Tal vez hubiera sido un muerto más de los tantos que se cobra el tránsito, de no ser por lo que se vio en su sepelio. No me refiero sólo a la solemnidad de la ceremonia policial que lo acompañó, o a la presencia de jefes y políticos.

El Sargento Primero Mario Cantero, fue acompañado a su sepultura por su vida, por una buena vida, y una vida bien vivida. En una tumba, sus restos esperan la resurrección. En nuestros corazones, su ejemplo espera ser imitado.

Para testimoniar esto que escribo, allí estaba su mujer, sus hijos y sus nietos. Traspasados de dolor, pero fuertes, con una fortaleza que no es común en nuestros pobres días, de tanta flojera de voluntades.

Estaban sus compañeros de la función policial. Unos habían ido en respuesta a una orden de servicio, otros no y eran muchos. Pero todos los policías que estaban allí, dejaron un poco de ellos mismos junto a los restos de su querido “babacha”, como lo llamaban.

Como lo señaló con santo orgullo su hijo, Cantero murió vestido de policía, como siempre había querido. Venía de cumplir servicio, de vuelta a su hogar, como cualquier otro día de sus 34 años de servicio policial. Y eso es lo grande, lo que lo define como un arquetipo. Fue capaz de hacer siempre lo que debía, hacerlo con ganas y dar ejemplo constante en el servicio de su misión policial y en el amor de su familia y amigos.

Hoy es común, tanto en la policía, como en otras formas de servicio comprometido, ver la deserción de muchos, ante cualquier dificultad. Son pocos los que luchan, los que perseveran, los que se comprometen. Pero podemos decir que tenemos un modelo más, que prueba que el bien obrar es posible, que llena el alma y deja huella profunda, y que es posible imitarlo.

Sargento Primero Mario Cantero, ¡¡¡Presente!!!