Con la expresión “arquetipo”, entendemos “modelo”, pero
mucho más que simplemente un buen ejemplo. Los arquetipos son los modelos
mayores, los que resultan modelo para
todos, incluso para aquellos que no tienen sus mismas circunstancias de vida. Y
esto es porque en los arquetipos vemos el ejemplo de lo esencial bien vivido.
Por eso se lo podemos aplicar a cualquier individuo.
Hace unos días murió un policía. No murió en acto
heroico de servicio, enfrentándose a desalmados criminales o emboscado por
delincuentes. Tal vez hubiera sido un muerto más de los tantos que se cobra el
tránsito, de no ser por lo que se vio en su sepelio. No me refiero sólo a la
solemnidad de la ceremonia policial que lo acompañó, o a la presencia de jefes
y políticos.
El Sargento Primero Mario Cantero, fue acompañado a su
sepultura por su vida, por una buena vida, y una vida bien vivida. En una
tumba, sus restos esperan la resurrección. En nuestros corazones, su ejemplo
espera ser imitado.
Para testimoniar esto que escribo, allí estaba su
mujer, sus hijos y sus nietos. Traspasados de dolor, pero fuertes, con una
fortaleza que no es común en nuestros pobres días, de tanta flojera de
voluntades.
Estaban sus compañeros de la función policial. Unos
habían ido en respuesta a una orden de servicio, otros no y eran muchos. Pero
todos los policías que estaban allí, dejaron un poco de ellos mismos junto a
los restos de su querido “babacha”,
como lo llamaban.
Como lo señaló con santo orgullo su hijo, Cantero
murió vestido de policía, como siempre había querido. Venía de cumplir
servicio, de vuelta a su hogar, como cualquier otro día de sus 34 años de
servicio policial. Y eso es lo grande, lo que lo define como un arquetipo. Fue
capaz de hacer siempre lo que debía, hacerlo con ganas y dar ejemplo constante
en el servicio de su misión policial y en el amor de su familia y amigos.
Hoy es común, tanto en la policía, como en otras
formas de servicio comprometido, ver la deserción de muchos, ante cualquier
dificultad. Son pocos los que luchan, los que perseveran,
los que se comprometen. Pero podemos decir que tenemos un modelo más, que
prueba que el bien obrar es posible, que llena el alma y deja huella profunda,
y que es posible imitarlo.
Sargento Primero Mario Cantero, ¡¡¡Presente!!!