Hoy se cumplen dos años de la partida de mi padre y quiero compartir estos versos de mi hermano Pablo, pero también del corazón de cada uno de nosotros:
A la muerte de mi padre.
Un último suspiro,
unísono al amén del rezo concluido.
Un último suspiro,
para dejar un cuerpo, gastado, envejecido.
Un último suspiro,
para impulsar el alma, lejos de lo finito.
Y antes de la partida,
aletear fugazmente sobre el mar de la distancia,
darle un último adiós a la Patria querida,
trabar tierna mirada con la amada Santina,
y ascender presuroso, al rencuentro anhelado
con María del Pino.
Hizo falta algún tiempo,
para ir poco a poco redondeando los filos,
declinar suficiencias,
puliendo las filosas aristas agresivas,
y volver a ser niño,
y en paz, acurrucado, morir, como dormido.
Hizo falta algún tiempo,
para purgar las culpas y estar, de verdad, listo.
Hizo falta algún tiempo,
para dejar obrar al Amor infinito.
Hizo falta algún tiempo,
y el tiempo se ha cumplido.
Espérame en vigilia, despéjame el camino.
Mis bordes son filosos y mi yo muy altivo.
Necesito del tiempo,
tu valor necesito, tu viril bonhomía.
Espérame en vigilia,
papá, ¡te lo suplico!